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La igualdad, no indica que debamos ser todos iguales, eliminando la belleza de la diversidad, la variedad y la pluralidad; por el contrario, en la masonería destacamos la igualdad como la ecuanimidad frente a los derechos, oportunidades y deberes.

La igualdad, es el eslabón de oro con que se enlazan todos los componentes; es el vínculo indestructible que mantiene la unidad y la solidaridad entre todos los hombres con virtudes éticas y morales, puesto que reconociendo cada una de las necesidades y dolencias a que están sujetos los demás, nos hace recordar que no existe diferencia alguna entre aquel que la fortuna le permitió nacer en la abundancia, de aquel que conoció las carencias de la cuna.

En la masonería todos se encuentran en igualdad de condiciones, no reconoce jerarquías sociales ni de fortuna, se reconoce iguales derechos y oportunidades al humilde como al poderoso en todo nuestro actuar tanto dentro, como fuera de nuestros templos.

Es así como rindiendo culto a la verdad y a la virtud, nos confundimos en un sólo anhelo hermanos de todas las etnias, de todas las razas, de todos los credos y de todas las posiciones sociales, alejados de toda sugestión contraria a la franqueza, verdad y libertad de opinión, la igualdad tiene su asiento y en donde su benéfico influjo hace germinar la semilla del bien, para ser regada por el mundo profano a través de obras y acciones en bien de la humanidad.

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