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La libertad pareciera ser el más placentero de los valores humanos, pareciera ser sinónimo de poder. El placer que ofrece la sociedad de consumo al individuo es precisamente la libertad de elegir su consumo. Y su consumo lo distingue y distancia de los otros. La liberad muchas veces nos aparta de lo colectivo, nos lleva al individualismo donde se pierde la noción del bien común. La libertad enarbolada como un bien individual nos lleva a concebir que el gozo de la existencia pudiera estar en la opción de no atarnos a una causa o a una persona. Sería como la libertad de escoger no cargar nada ajeno durante el camino.

La libertad solo cobra sentido y enaltece al hombre cuando ésta, está atada a la conciencia de un bien superior y una actitud responsable de lo comunitario. Todos los días, y a cada instante, vamos gastando fragmentos de nuestra libertad en caminos que nos rebajan o en caminos que nos enaltecen: vicios y virtudes. El mayor altruismo nos lleva a la mayor liberación. La liberación a diferencia de la libertad, es la experiencia de la trascendencia que nos libera de las ataduras de lo perecedero y nos sitúa en la memoria de la permanente.

La masonería busca que el hombre se haga consciente y responsable de su libertad y tome el camino del altruismo como opción de vida. Que sus actos y sus motivaciones estén encendidos y animados por el deseo de contribuir al bienestar común. Perfeccionándose a sí mismo se perfecciona la sociedad.

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