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Educar es hacer florecer la verdad que hay dentro de cada cual.

La educación no es la saturación de conocimientos sobre el que se educa, sino que la experiencia que lo estimula a comprenderse a sí mismo en sus sueños y capacidades y a comprender su entorno como un jardín de oportunidades. Mal educa aquel que trasmite resentimientos y se interpone como sujeto de vanidad entre la sabiduría y el que se educa. El educador debe ser un facilitador, tan invisible como la brisa que refresca la tarde. La educación es diferente a la instrucción o a la capacitación. Se educa para la vida y se instruye para el trabajo.

El trabajo de formación del masón, a través de enseñanzas, experiencias, ritos, valores y fraternidad ayudan a que el hombre descubra sus potencialidades, sus talentos, sus capacidades y su ser en lo colectivo. Formarse y educarse como masón no es una experiencia solitaria e individual, es una experiencia social y fraternal. Los masones somos un poder en lo colectivo.

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