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Recientemente se ha dado a conocer que en la vigésimo tercera edición del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se ha enmendado la definición de la voz “masonería. Por primera vez se recogen aspectos tan relevantes de su identidad como su vocación universal, su carácter iniciático, la búsqueda del conocimiento de cada quien a través del librepensamiento y el sentimiento fraternal de los masones hacia todos los seres humanos.

En la información circulante se da a conocer que la primera vez que se definió “masonería” por parte de la Real Academia Española de la Lengua fue en la novena edición de su diccionario, publicada en 1843. En dicha ocasión se la retrató como “asociación clandestina en que se usan varios símbolos tomados de la albañilería como escuadras, niveles, y otros.

Se afirma que tal definición se mantuvo inalterada hasta sustituirse la palabra “clandestina” por “secreta”, en el año 1925. Este término, que duda cabe, registra en nuestra sociedad una percepción ciertamente negativa o que, al menos, mueve a desconfianzas.

Una nueva definición se dio a conocer en 1984, esta vez, retratando a la masonería como una “asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas Logias”.

La reciente definición habla de “Asociación universalmente extendida, originalmente secreta, cuyos miembros forman una hermandad iniciática y jerarquizada, organizada en Logias, de ideología racionalista y carácter filantrópico”.

Existen varios elementos en torno a esta noticia que ameritan ser comentados y que, sin duda, pueden ser fuente de enriquecedoras reflexiones tanto en el ámbito  Instrucción masónica, como en trabajos de mayor alcance, donde, siempre en carácter relativo, se intente perfilar la naturaleza y propósitos de nuestra institución. Para ello, pedimos la opinión de Rodrigo Lillo, Gran Experto de la Gran Logia de Chile, que se reproduce textual a continuación.

“Hacemos hincapié en el elemento relativo, como contraposición a lo absoluto, en tanto entendemos que, en estricto rigor, la masonería, o mejor dicho lo masónico, no es definible. Y no lo es porque lo masónico, es decir, aquello que constituye a la masonería, reposa esencialmente en experiencias.

Y es en esas experiencias, también, donde yace quizá el único secreto del que podemos realmente preciarnos. Aquel que persigue, a través de un método cuidadosamente planificado, que denominamos iniciación, que en cada uno de nosotros se autogeste un proceso de rectificación general en el plano de la conciencia y que, tras ello, se exteriorice, exprese o trasunte en las dimensiones filosóficas y éticas como un todo coherente distintivo de toda piedra bien canteada.

Desde luego que, dentro de los aspectos que ameritan ser comentados,  se encuentra el como, con el paso del tiempo, las instituciones con legítima vocación humanitaria se van haciendo más permeables para el resto de la sociedad, lo que hace que vaya cambiando favorablemente la percepción de las mismas; y que en nuestro caso nos llevó desde haber sido motejados como una institución clandestina, lo que en el imaginario colectivo acostumbra sugerir fines aviesos, hasta finalmente eliminársele el rótulo de secreta, expresión esta última que había venido a reemplazar el primigenio carácter clandestino que se nos atribuía.

Se constata, en consecuencia, una percepción cada vez más favorable y nítida acerca de los genuinos propósitos de la masonería.

Otro elemento digno de mencionar es el aspecto universal que se atribuye a nuestra institución, lo que no viene sino a constatar lo que acabamos de mencionar, en relación con la cada vez mejor contorneada idea que existe acerca de la masonería.

Mención aparte, por la relevancia que ello importa, es el que se nos reconozca como una “hermandad iniciática”.

Hay mucha certeza en esta parte de la definición, pues si hay algo que distingue y singulariza a la masonería es su carácter iniciático. Quien ingresa a la masonería recibe única y exclusivamente la iniciación. Todo, absolutamente todo lo demás viene por añadidura.

Y enmarcar el aspecto iniciático en el contexto de una hermandad es otro acierto relevante de la definición, pues la fraternidad constituye uno de los fermentos basales de lo iniciático, siendo el Rito el otro aspecto central.

La Fraternidad y el Rito facilitan que el elemento transformacional, que caracteriza todo proceso iniciático, comience a gestarse al interior de cada masón entregado a la causa de su propia obra.

En cuanto al carácter racionalista que la definición atribuye a la ideología masónica, sin ser un error, resulta ser una conclusión al menos matizable, por varias razones.

Primero, porque siendo su fin central mejorar la condición humana, existen, sin embargo, distintas tradiciones masónicas, no siendo todas ellas de cuño estrictamente racional. Existen tradiciones masónicas de inspiración más clerical, otras de marcado contenido espiritualista y otras tantas en que coexiste el espiritualismo con el racionalismo.

Finalmente, el carácter filantrópico es un elemento de orden doctrinario presente en la totalidad de las tradiciones masónicas, pero que no tiene igual expresión o énfasis entre las distintas vertientes institucionales.”