La pasión es más que la afición. Se vive y no se deja. Siempre es susceptible de  perfeccionarse. Es lo que Sergio Salazar, masón, fotógrafo y abogado ha aplicado en la fotografía. Más que un hobby, es un arma poderosa que lo ayudó a superar su timidez.

En pandemia,los colibríes, conocidos como picaflores, se han convertido en sus compañeros de fotografía. Ayer, se celebró el día internacional de las aves y Sergio Salazar,abogado y, sobre todo, un apasionado por la fotografía, lo hizo rodeado de los cientos de estas especies que ha capturado el lente de su cámara, solamente en el jardín de su hogar, en San Fernando. Es capaz de reconocerlos por variedades, colores y otras consideraciones propias.

Tiene cincuenta y cinco años, dos hijas de 10 y 12 años y ya tiene claro el legado para ellas. Los álbumes fotográficos con la historia de una pasión. Desde que  logra, a muy temprana edad,  tener su primera cámara 35 mm, Fenix y con la que incursiona timidamente en sus primeros disparos.

Luego, hacia el año 81, evoluciona hacia una máquina zenit de procedencia rusa. Una cámara que comienza a producirse en 1952 y que se prolonga hasta el 2005. Tras un apagón de 12 años, las míticas cámaras volverían a producirse en 2018.

En su vida universitaria, su compañera fue una Canon hasta que regresa a su ciudad natal cuando le roban todo el equipamiento. Años de ahorro y perseverancia se esfumaban en un segundo, y aún así, la pasión permanecía inamovible. Así llega la Nikon que es la que usa en la actualidad.

Los sacrificios para dedicarse a su pasión, no solamente en lo económico, sino las horas de dedicación en soledad, perdiéndose celebraciones y fiestas de amigos, no fueron en vano. Familia, retratos, paisajes, flora y fauna son parte de la colección que heredarán sus hijas. En cada imagen hay una historia, hay una emoción que ha sido el motor de la vida. “Abogados hay muchos, fotógrafos de mi propia vida, soy el único”, reflexiona Salazar.

Vida de flashes

Su historia parte en el colegio Marista de San Fernando donde se integra al taller de fotografía en  1982. De ahí en adelante, aprovechó todas las oportunidades a su alcance para perfeccionar un hobby que, a esas alturas, ya era una pasión.Posteriormente, ingresa al Fotoclub Concepción y comienza a participar en distintos salones nacionales  de Fotografía en Talcahuano, Banco Estado, Valparaiso, Quilpué, Concepción, Federación’90, Salón Nacional de Arte Fotográfico del Foto Cine Clun de Chile,  logrando diferentes aceptaciones y menciones honrosas en distintas categorías

- Participación en exposición  fotográfica “Gente, lugares y actividades de mi Universidad” organizado por la Universidad de Concepción con motivo de la celebración del septuagésimo aniversario de su fundación

Galardones

- Primer Ligar en Salón Nacional de Osorno, categoría Paisaje

- Primer lugar en concurso cuatro estaciones de Reifschneider

- Primer lugar en concurso fotográfico de Aniversario de la Policía de Investigaciones

- Primer y tercer lugar en concurso forotgráfico de la Universidad de Concepción

- Mención Honrosa en concurso Nacional de Fotografía Universitaria Imágenes Hispanas de América Latina.

El niño análogico y digital

Qué podia saber un niño de lo análogico; Sergio solo entendía que tomar una foto le producía una felicidad enorme, más allá de toda comprensión infantil. Pronto, se dio cuenta que la cámara era el bálsamo para esconder su timidez. Era al mismo tiempo el trampolín que le permitía enfrentar audiencias y masas en donde detrás del lente podia captar todo lo que su imaginación le dictaba. La foto, una vez impresa, era el testimonio vivo de un momento sublime, único e irrepetible.

Demoró años en aceptar que la transformación tecnológica era una realidad y que tocaba indefectiblemente al arte fotográfico. El papel impreso ya no era necesario y las técnicas avanzadas permitían obtener mejores resultados aún.

Lo que no se pierde, dice Sergio, independiente de la evolución, es la ensoñación que se produce entre la cámara y el que la gatilla. Es un momento único, el flujo de adrenalina que corre, para que la captura sea lo que se ha imaginado el hombre.

Un masón, al igual que su padre, confiesa que no ha dejado nunca de practicar los principios de la institución. Ellos están muy arraigados y  siente que al igual que en la masonería, en la fotografía no terminará nunca de aprender y perseverar