Columna de opinión de Carlos Ríos Cardoza, Delegado Jurisdiccional del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, para la región de Magallanes, publicada en el diario El Pingüino.

"Instaladas como consecuencia de esos esfuerzos centenarios, dos agrupaciones masónicas (Estrella de Magallanes y Straits of Magellan) han celebrado esta semana 112 y 84 años, respectivamente, de acción masónica ininterrumpida. Los nombres de los fundadores y de sus herederos están grabados en el libro señero ”De mediodía a medianoche en el estrecho de Magallanes”, del masón Álvaro Soto Bradasich".

La sociedad, ese control social que induce a los integrantes del grupo a adecuarse a las normas establecidas, es la resultante de un cúmulo de experiencias vividas, no sólo de algunos y algunas, sino que de todos los seres que han dejado sus huellas más o menos marcadas, entretejidas con las que se están gestando en este instante y que esperamos puedan tener la posibilidad de dejar la máxima cantidad de opciones abiertas para el futuro a partir de la extraña diversidad que hemos sido capaces de generar hasta ahora.

Tal tejido inmemorial, capaz de rehacerse de las ruinas o de inventar nuevos modos de convivencia, requiere de una gran empatía inter-generacional que sea capaz de conducir al desarrollo de anhelos conjuntos en ocasiones, disimiles en otras, pero sobretodo, validando y poniendo en primera línea aquellos sueños que conducen a espacios más amplios y acogedores para el desenvolvimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Es en este plano ideal donde juega un rol fundamental el desarrollo de aquellos aspectos éticos que resaltan la dignidad humana y que, por lo mismo, pueden asegurar el mejor convivir. Aquí no hay lugar para contradicciones delirantes y violentas que impongan un freno al avance y consolidación de demandas colectivas y democráticas que se han venido sucediendo e instalando a lo largo de la historia en todos los tipos de sociedades que hemos conocido hasta el momento.

Un mejoramiento de la sociedad bajo estos principios reales, constituye una reacción de magnitud sólo posible si emerge naturalmente de las conciencias labradas en el amor, en el agradecimiento y en el reconocimiento de nuestras propias abundancias.

Para avanzar en esta utopía se requiere la presencia activa de quienes sostienen buenamente todo aquello que signifique superar los resabios de la cultura y de las prácticas basadas en la confrontación y en el uso indebido de la libertad en perjuicio de los demás, independiente de edades, posiciones sociales y creencias.

Al respecto, el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile ha planteado que cuando hay situaciones límites en las encrucijadas de la historia, las personas buenas son fundamentales para encontrar los caminos de la sensatez, del raciocinio, del diálogo, de la esperanza que ayuden a la sociedad a encontrar respuestas, las más armónicas, para el bien supremo de la Humanidad.

Estos anhelos deben ser compartidos sin prejuicios ideológicos, morales y políticos entre todos y todas, para abordar los desafíos que enfrentamos como país y sociedad, y si, además, pretendemos preservar la Condición Humana amenazada por la miseria, la violencia de la pobreza y la crueldad creciente que ha experimentado la humanidad.

Tales esperanzas han circulado por la sociedad de Magallanes desde 1896, año en que se instalan los fundamentos y conceptos trabajados por hombres de espíritu libre de todas las razas, nacionalidades y credos que llegaron al territorio en búsqueda de opciones para el desarrollo personal sin descuidar la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio en que vive y convive.