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Como ya es tradicional, compartimos la columna escrita por el Gran Delegado Jurisdiccional del Gran Maestro para Magallanes, Carlos Ríos Cardoza, publicada en el diario regional El Pingüino. 

La proximidad de marzo nos lleva a una nueva, mas no novedosa, mirada al fundamental proceso de la Educación en Chile. En las últimas décadas ha habido un notable incremento de posiciones y modelos, incluso antagónicos, acerca de cómo educar y cómo entender el proceso educativo, lo cual significa que es una de las más trascendentales preocupaciones de nuestra especie no sólo en Chile, sino que en todo el planeta.

El desarrollar y fortalecer escuelas de enseñanza y de transmisión de la herencia cognitiva, cultural y valórica que se ha ido acumulando de manera notable en nuestro proceso evolutivo cultural, ocupa lugares de gran relevancia en el ámbito político por las repercusiones que tienen sus consecuencias en el ámbito socio-económico, siendo cada vez más evidente su importancia en la determinación del distanciamiento de las clases sociales.

Tanto es así que la Educación ha llegado a ser concebida como un derecho humano universal y un bien común que habilita a las personas para alcanzar otros derechos, como la salud, el trabajo decente y la igualdad de género. Se justifica plenamente bajo el principio fundamental de que la Educación transforma vidas y forma generaciones distintivas, resultando ser un factor clave para consolidar la paz, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo.

Desde hace más de dos siglos que en nuestro país se vienen proponiendo ideas, en sus respectivos tiempos revolucionarias, acerca del rol de la Educación en la conformación de la persona y de la sociedad y siguen vigentes las expresiones de pensadores laicos como Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento o Guillermo Matta, para quienes la Educación era un derecho del pueblo, al mismo tiempo que un deber del Estado y de la sociedad.

Expertos actuales en modelación educativa, señalan que los modelos que se han aplicado para la formación educativa del pueblo surgen claramente de escenarios sociales, culturales y políticos determinados por la sociedad y, en general, encarnan la visión del Gran Ideal sobre el “hombre a formar”, con la condicionante ética, especialmente exigible en los tiempos actuales, de que todo proceso educativo, al igual que cualquier formulación ética, presupone al individuo como un ser capaz de relacionarse con el otro a través del saber, condición que implica una responsabilidad y un deber personal de actuar, de tal manera que los valores hacia los cuales se tienda sean los mismos para todos los seres humanos reunidos en sociedad.

Téngase en cuenta que la Educación no es algo dado, sino la puesta en práctica de conocimientos, actitudes y convicciones cuyos efectos se evidencian en la humanización de los individuos, personal y social y, por tanto, no es una cuestión secundaria o una cosa que se consigue, completa y terminada, o relativamente acabada.

Un Modelo Educativo Humanista está contenido en la Carta de la Educación Laica de la Gran Logia de Chile, que concibe al hombre como un ser que busca la trascendencia y su autorrealización, mediante una escala de valores y un compromiso responsable con todo su alrededor.

La Educación Laica se construye sobre la base de la igualdad, la tolerancia y la diversidad de origen (sexual, étnica, religiosa, económica, social, cultural), aspectos que permiten fortalecer las relaciones humanas, indispensables para lograr ambientes de convivencia armónica para educar y crecer con compromiso en torno a la justicia y la responsabilidad social.