Compartimos, como ya es tradicional,  la columna de opinión que el Gran Delegado Jurisdiccional de la región de Magallanes, Carlos Ríos Cardoza, escribió para el diario El Pingüino  de la región de Magallanes.

Ya nada tiene de relevante el hecho de intentar predecir los sucesos que darán el contexto futuro a la vida sanitaria, económica y ambiental en nuestro planeta. Esta es una realidad que se ha venido repitiendo a lo largo de miles de años, y la aparente capacidad de predicción de algunos individuos de nuestra especie es una cualidad que históricamente se ha utilizado para encauzar e imponer ideas que van desde la religiosidad hasta cuestiones concretas sobre modos de repartición del poder y consecuentes aplicaciones de modelos económicos.

En la actualidad, están de moda los 20 puntos de un análisis recientemente publicado de más de 50 expertos respecto de lo que viene a partir del año 2021 y que circula ampliamente en las redes sociales.

El nuevo paradigma que se pretende instalar es que la innovación, la tecnología, lo natural y el pensamiento lateral son la base de una nueva realidad y todos estamos a tiempo de encontrar nuevos caminos.

Estando las directrices definidas, simplemente habría que encontrar las nuevas rutas personales o empresariales y en esto se incluyen las aspiraciones laborales de cada uno y el modo de empleabilidad más los espacios físicos, para ejercer un nuevo concepto o idea de trabajo, de comercio, de productividad, del control de ella y, por supuesto, de la educación y la salud.

 La explosión de la Inteligencia Artificial y el modelo de predicción de sentimientos y deseos individuales derivado del manejo de datos personales a gran escala son la base de sustentación de lo que se predice será el argumento central del crecimiento y progreso de la nueva sociedad del Siglo XXI a partir de ahora, y que nos tiene asignado un rol probablemente insignificante.

Pero ello no implica necesariamente un siquiera mediano interés y comprensión acerca del antagonismo que se produce entre los fines del “nuevo modelo” y las previsibles consecuencias de un crecimiento material sólo basado en la desestabilización del dinámico equilibrio ecológico.

 Ya en 2016, Y. N. Harari en su libro “Homo Deus: Breve historia del Mañana”, nos planteaba que, sólo en relación con la crisis ambiental, “A pesar de las incontables propuestas sobre contaminación, calentamiento global y cambio climático, la mayoría de los países no han hecho todavía ningún sacrificio económico o político serio para mejorar la situación”.

Las nuevas propuestas para una modalidad social renovada y que asimile las enseñanzas surgidas en la crisis sanitaria y social deben tener en cuenta la obligación ética acerca de cómo proteger a la humanidad y al planeta en su conjunto, de los peligros inherentes a nuestro propio poder basado sólo en lo científico y en lo tecnológico. Cuestión no nueva, ya que algo similar proponía, aunque en un estilo muy diferente H. G. Wells, quién, en sus obras de inicios de 1900, denunciaba la codicia y la ambición que puede presentarse cuando los humanos endiosan sus capacidades de creación y buscan en la tecnología y su poder destructivo, un sustituto para todas las formas de vida.

Al fin y al cabo, la idea es Preservar la Condición Humana a partir del establecimiento de acuerdos morales, producto de la dialéctica y el consenso, de modo que se fortalezcan aquellas posiciones laicas y humanistas que no admiten la existencia de personas innecesarias.