El Gran Delegado Jurisdiccional de la región de Magallanes, Carlos Ríos Cardosa, escribió una columna de opinión que fue publicada en el el diario regional El Pingüino. Compartimos la transcripción de lo escrito a continuación.

La relación indisoluble entre la especie humana y su medio ambiente no es unapreocupación sólo de alcance local o regional. Por el contrario, a partir de fenómenos irrefutables, se establece que el escenario global, nuestro planeta Tierra, contiene a sus elementos constituyentes y sobre los cuales descansan todas nuestras posibilidades de desarrollo, en un modelo natural de organización infinitamente interrelacionado.

Así, hay consenso de que las acciones que se toman en un punto del planeta van a repercutir en otros lejanos y, en la escala temporal, las evidencias son claras en mostrar que las acciones que se tomaron ayer están produciendo situaciones innegables hoy  y que, finalmente, lo que podamos hacer o dejar de hacer hoy tendrá consecuencias impredecibles en un futuro cercano. A pesar de lo obvio que puedan ser estas generalizaciones, lo  cierto es que aún se requiere de la indispensable toma de razón, individual y colectiva, de que los cambios provocados por la acción humana van más allá de los simples pasos que da la naturaleza para rehacer  sus ciclos alterados, incluyendo dentro de ellos la eliminación de todo lo que resulte superfluo. Al respecto, existen permanentes llamados de atención por parte de muchas personalidades de todos los niveles  sociales del planeta que intentan motivar al resto de la ciudadanía y a sus respectivos gobiernos, para considerar alternativas de desarrollo integrales, inclusivas  y  responsables. Una iniciativa global, aparentemente lejana para nuestros intereses inmediatos, es el llamado Acuerdo de Paris, alcanzado el 12 de diciembre de 2015 por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, para enfrentar el cambio climático y acelerar e intensificar acciones e inversiones necesarias para un  futuro sostenible con bajas emisiones de carbono.

El Acuerdo establece la necesidad de adoptar compromisos fundamentales para el bienestar ambiental del planeta y de la especie humana y que deberán ser ratificados por  los gobiernos en cada nación. En consecuencia, requiere de acciones que parecen superar las posibilidades ciudadanas, en tanto las iniciativas posibles para  ello descansan en legislaciones complejas, acuerdos multipartidistas y negociaciones de conveniencia.

A pesar de las elevadas exigencias. finalmente cualquier decisión tomada al más alto nivel descansará en la voluntad ética individual para contribuir o no al establecimiento de mejores condiciones para habitar un planeta no predecible. Dentro de los desafíos éticos que fueron planteados recientemente por la Gran Logia de Chile y sus congéneres de Latinoamérica, resalta la importancia de actuar con visión de largo plazo, en la que prime la equidad lntergeneraclonal a fin de procurar un futuro que no ponga en riesgo a las próximas generaciones. Asimismo, y siendo conscientes de los Impactos desproporcionados que conlleva el cambio climático, afectando de mayor forma a la población más vulnerable, estima necesario relevar aquellas acciones climáticas que promuevan la justicia ambiental y climática.

Frente a estos desafíos, la Gran Logia de Chile espera contribuir a través de la reflexión ética y en la promoción de soluciones  adecuadas, a la restitución del equilibrio que se ha perdido en las distintas esferas de la humanidad, tanto  en lo ambiental,  como en los social y económico.