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Estamos en un momento histórico del país, en el cual diversas sensibilidades tanto sociales como aquellas relacionadas con la edad, se entremezclan para aportar a la solución de interrogantes tan vitales como el modo de superar la crisis sanitaria, las fuertes cuestiones asociadas con el inevitable Cambio Climático.
          Carlos Ríos Cardoza, Gran Delegado Jurisdiccional de la Gran Logia de Chile para Magallanes
 
 De esta manera, nos encontramos mirando de frente la histórica realidad que nos ha tocado vivir y dispuestos a expresar y a hacer valer motivaciones y convicciones que aporten a los cambios que se requieren para convivir en un complejo e incierto mundo del siglo XXI.
 
La Gran Logia de Chile sostiene que es clave en momentos de cambios intensos y compartidos, considerar la contribución a la condición humana de los valores e ideales de libertad, fraternidad, caridad, solidaridad e igualdad, en tanto se considera que ellos son fundamentales para aportar positiva y creativamente a la satisfacción de nuestras necesidades humanas fundamentales. Al fin, la idea clave es Preservar la Condición Humana a partir del establecimiento de acuerdos morales, producto de la dialéctica y el consenso, lo que aportará luces acerca del obrar humano en un plano de virtud y así tener la opción de diferenciarlo tanto como sea posible, del plano del error.
 
La supremacía del error o de la virtud en los distintos escenarios que estamos enfrentando, dependerá de los valores que se destacan en cada individuo y que, a su vez, le impulsan a actuar de una u otra manera porque forman parte de sus creencias, determinan sus conductas y expresan sus intereses y sentimientos. La conformación histórica de valores, se da dentro de contextos sociales en donde lo humano y la realización del humano debiera ser no sólo la esencia, sino que, además, se debería constituir en un propósito universal.
 
A partir de ello, se construyen principios éticos ordenadores que, para la Gran Logia de Chile, descansan fundamentalmente en la fraternidad, en la tolerancia y en la filantropía. Estos propósitos, según señala el Gran Maestro Sebastián Jans Pérez, identifican todo un quehacer colectivo e individual y ponen al descubierto la necesidad de formar conciencias que contribuyan de un modo eficaz, a difundir la práctica de esos valores, a fin de tener una sociedad en donde sea factible hacer realidad la construcción del Humanismo, la realización plena de mujeres y hombres, como partes de un modelo de sociedad donde cada cual se realice y logre el fin maravilloso de la felicidad.
 
Esta es una alternativa posible que permite poner el pensamiento y la acción en la búsqueda de la superación de los síntomas de una insatisfacción pavorosa, con índices altísimos de desconfianza, instalados incluso en nuestras costumbres cotidianas, debido a la pérdida del sentido de estar vivo y del sentido de futuro. Aceptando que los cambios son natural y socialmente irreversibles, desde los producidos por la evolución biológica hasta los provocados por visiones sociales diferentes, se debería poner especial énfasis en la generación de ideas que aporten al espíritu crítico y a la validez de la transparencia en nuestra sociedad, como base para superar la desconfianza y sus derivadas como la discriminación, la no inclusión y la soberbia.

 

 Publicado en El Pingunio, 06/11/2020
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