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“La herramienta que tienen los pueblos para resolver una crisis es la historia, producto, muchas veces, de dolores profundos que son los que impulsan el cambio. El derecho a votar de la mujer, es un claro ejemplo de cómo ideas progresistas hicieron ver al proceso institucional que la mujer no podía ser de segunda categoría. La misma legislación laboral que surge durante los años 30 del siglo pasado y de los Derechos Sociales, son producto de los dolores que empujaron las adaptaciones”, Galo López, autor del libro Ética: Reflexiones en una sociedad en crisis.

El autor del libro, Galo López, nos habla desde la sencillez cuando se expresan los sentimientos y de cómo el dolor, a pesar de su crudeza, también puede producir y legitimar los cambios más relevantes en la sociedad. Cuenta que siente que su padre lo guía desde que falleció el 2015. “Volveremos a ver el Chavo del 8 juntos. Abrió sus ojos, me sonrió y los cerró para siempre”, recuerda emocionado este escritor.

Su padre, que casi llegó a los 100 años, fue un carpintero,que le planteó que cada vida era una construcción de una ecuación en la que hay factores, variables e incógnitas que probablemente nunca se resuelven, pero que son parte de un proceso de ensayo y error. Se relaciona con aquellos factores que seleccionamos para tener un comportamiento e incorporar valor en ello. Es la historia que se urde y engendra una realidad.

El problema es que cuando se genera una realidad se busca un acomodo para lograr un estado de confort. Salir de esa zona es lo complejo, pero es lo que exige el cambio para la construcción de nuevos acuerdos. Esa realidad es la que generará nuevos hechos, nuevas situaciones conflictivas, nuevos dolores que deben generar consenso.

Surge así un concepto, manido en la actualidad, pero que abordamos con Galo López para procurar entender los procesos profundos que vive Chile: Crisis. Se asocia a una condición de malestar, de un rompimiento de la normalidad. Sin embargo, en opinión de este escritor, lo que tenemos es algo mucho más profundo; existen procesos políticos que no responden, ni encauzan esas condiciones de incomodidad; la economía tampoco se hace parte y eso lo convierte en un conflicto multidimensional. “La crisis es la acumulación a través del tiempo de hechos que obedecen a una falta de respuestas y que no dan el resultado prometido. Tomemos el 2015 aproximadamente cuando se comienza a gestar un proceso larvado, bastante anterior al 18 de octubre. Fue anticipatorio. Cuando la crisis se expande a lo político, a lo socioeconómico, no se trata de un virus que se alojó hoy, sino que es la síntesis de un proceso de larga data. Hoy, lo que vemos y presenciamos son los síntomas de esos fenómenos; emerge un hecho puntual que se gestó históricamente y es de naturaleza moral”, sentencia López.

Lo Justo, Lo Correcto

A nuestro país le falta determinar qué se entiende por lo justo, lo correcto y es en esta definición conceptual donde hay falta de acuerdos, de consensos. La crisis moral surge de lo que se asume es justo y correcto.  En estos 30 o 40 años se ha advertido un proceso de ruptura. Vivimos en un modelo, una promesa, no hay un hecho real ni una concreción sobre el cual construir un modelo social, político y económico.

Por el contrario, vivimos en un modelo de exacerbación del yo, egocéntrico, hedonista. Es muy pernicioso porque tiene un guion del yo; los otros son la exclusión. Para que se legitime esto, se debe dejar una pequeña franja para que los otros ingresen. Sin embargo, el yo, el nosotros, los otros, están separados por una franja de exclusión, le falta el “somos”.

“Todos somos parte de una humanidad, es supra generacional, viene de los que estuvieron. Es la herencia que es lo que cada persona recibe y de la que tiene que hacerse cargo. Es una cadena, una posta de cien metros. Debo correr y entregar el legado, para que el otro lo tome y así sucesivamente. Viene del pasado y se proyecta al futuro. En contraposición al modelo que es inmediato y que pierde esa mirada, esa franja de existencia”, reflexiona López.

Cambio de mirada

El ethos es el que debe ser distinto. Se debe dejar de pensar en la finitud de la vida; ello sólo contribuye a la inmediatez, a una sociedad del garrote y la zanahoria. El garrote es el miedo, inseguridad, desconfianza, que se trabaja a nivel supraconsciente. La zanahoria, en cambio, tiene que ver con el consumo, la movilidad social que es cómo asciendo, y la facilitación al cómo puedo acceder a insumos. La riqueza radica en cuanta profundidad y densidad logro darle a esa finitud.

Hay que resolver atavismos en los que estamos. El corto plazo es lo que reina. Las mediciones son mensuales en que las metas se deben cumplir. No existe una comprensión de los sistemas sociales. “El caso chileno es irracional porque ha existido un exceso de modelo. La realidad dialoga poco con el modelo y se necesita una masa ciudadana que es inexistente. Las masas generacionales no se sienten responsables pero deben serlo”, añade López.

Educación y conciencia

“La clave es inocular conciencia en las personas con la educación. El espacio que queda es la microviralización de valores, pues la libertad de conciencia está siendo amenazada. Necesitamos formar gente, ciudadanos. No se trata de pasar por sobre de lo construido, sino de nuestra capacidad de generar diálogos al interior del país. Aún no tenemos nada de qué sentirnos orgullosos como especie. No tenemos perspectiva de lo que pasa con la tecnología, el mundo virtual, la universidad como formadora, la misma prensa.

La pandemia debe permitir reflexionar para actuar sobre los dolores. Debemos volcarnos hacia afuera y sentirnos responsables de ello. Eso significa respeto por los otros. La vida es un equilibrio dinámico y tengo luz de esperanza que se pueda resolver”, finaliza López.