Con un cerrado aplauso del público que asistía al Acto Solemne del Senado realizado en Santiago, se recibió la misiva que hizo llegar desde Francia la presidenta Michelle Bachelet (2006 -2010) al Gran Maestro Luis Riveros por el Sesquicentenario de la Gran Logia de Chile, el pasado viernes 25 de mayo.

 

"Aliento a todos los masones a apropiarse de las grandes ideas de libertad, igualdad y fraternidad", señalo en parte de su mensaje.

Estimado Gran Maestro:

Les agradezco la invitación a compartir con ustedes esta solemne ceremonia de celebración de los 150 años de la Gran Logia de Chile, y lamento no poder acompañarlos sino a través de este saludo cordial a todos los integrantes de esa institución, en especial a sus máximas autoridades.

Esta conmemoración es un hecho cargado de significado no solo para la Masonería chilena. El país todo, en sus 200 años de vida independiente, ha vivido la impronta masónica desde que los Padres de la Patria soñaron la creación de una Nación que forjara su propio destino. Ello es tan así, que la

Orden Masónica hunde sus raíces en la historia de Chile y los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad -que inspiraban a los fundadores de la República- han estado presentes hasta el día de hoy.

En el siglo y medio transcurrido desde la fundación de la Gran Logia de Chile, la Masonería ha sido una firme defensora de la libertad de conciencia y la autonomía del pensamiento, respecto de cualquier clase de limitación preestablecida, al tiempo que ha enfatizado la independencia del Estado y el derecho de los ciudadanos a participar activamente y libres de todo prejuicio en la marcha de la Nación.

Esa impronta del libre examen es la que han defendido numerosos masones en la historia de Chile, entre los cuales -por no poder nombrarlos a todos- quisiera destacar a uno en especial, que creo sintetiza la voluntad de trabajo por una sociedad mejor que han manifestado mayoritariamente los masones de Chile durante estos 150 años. Me refiero a Enrique Mac lver, quien, cuando Chile se abría paso al Siglo XX, pronunció aquel memorable discurso sobre la crisis moral que afectaba al país, en el que expresó con visionaria claridad la necesidad de hacer participar verdaderamente a la ciudadanía en las decisiones más importantes del Estado y emplazó a quienes deseaban servir desde el sector público a hacerlo con honestidad y transparencia.

Decía Mac lver: "Señalar el mal es hacer un llamamiento para estudiarlo y conocerlo y el conocimiento de él es un comienzo de la enmienda. Una sola fuerza puede extirparlo, es la de la opinión pública, la voluntad social encaminada a ese fin".

No cabe duda que ese espíritu ha caracterizado a la Masonería Chilena en todo este lapso de nuestra historia, pese a que, como toda institución formada por hombres, junto a aquellos momentos de gran brillo ha tenido también otros en que sus luces se replegaron a la espera de un entorno interno y externo más propicio para ejercer su labor de promoción de la libertad, la fraternidad y la tolerancia.

Ese reconocimiento de la Masonería Chilena de sus propias circunstancias la ha llevado, una vez más, por el camino de sus profundas convicciones, de sus principios y valores. Es lo que la hace una institución que sirve plenamente a los objetivos de buscar un camino común a nuestras expectativas de desarrollo político, económico y social, de tratar de dar real satisfacción a las urgentes demandas de los sectores más desposeídos, y a reconocer en todos los chilenos la riqueza de nuestra Naci6n.

Estimadas amigas y estimados amigos:

Creo que es una afortunada coincidencia el que 150 años después que la Gran Logia de Chile comenzara a acompañar la consolidación de la República, la sociedad esté pidiendo hoy mayoritariamente avanzar en una mejor institucionalidad, un nuevo aire, una nueva manera de seguir haciendo crecer al país.

Aprovecho entonces esta oportunidad para alentar a todos los masones a apropiarse nuevamente de las grandes ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, en pro de generar los cambios que profundicen nuestra democracia y nos permitan disminuir las brechas de la desigualdad.

El Chile del futuro nos espera a todas y todos, y debemos seguir trabajando para ello desde nuestras respectivas miradas y diferencias, pero con un sentido final de unidad.

Los saluda con especial afecto,

MICHELLE BACHELET