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Cuando un bombero intentó definir su propia labor dijo que era una pasión que ni la sinestesia entendería.

Tan válida esta afirmación como el decreto de ley del 30 de junio de 1962 que instituye “El Día del Bombero” y ordena actos cívicos conmemorativos en los establecimientos educacionales del país. Dicha fecha está destinada a conmemorar la fundación del Primer Cuerpo de Bomberos Voluntarios, organizado en Valparaíso el 30 de junio de 1851.

Hoy, la Gran Logia de Chile le rinde un homenaje desde esta tribuna, ante la imposibilidad de hacerlo presencialmente. Las razones sobran para los bomberos que han estado en primera línea contribuyendo a auxiliar a un Chile atribulado por la pandemia.

Sebastián Jans Pérez, Gran Maestro hace un reconocimiento a la abnegación y compromiso cívico de los bomberos, expresado en su juramento y servicio voluntario en las peores condiciones de cada época.

Es la Institución que más confianza recibe de los ciudadanos. Su labor permanente en emergencias y catástrofes, así como en tareas solidarias, son razones suficientes para que nuestro país esté orgulloso de los bomberos.

Nuestros héroes usan escalas, mangueras y se visten con cascos y equipos especializados para protegerse del fuego. Las sirenas de sus bombas, que nos estremecen de noche o de día, son el reflejo de la prontitud con que cumplen su cometido.

Julio Morales, bombero y masón de la Logia Hiram 65 dice que ser voluntario es aprender a vivir. Aún recuerda ese 6 de junio de 1976 cuando juró cumplir con el lema de su Compañía: “La Vida por la Humanidad”. “La vida de cuartel, en la vida nocturna, forjó y templó mi visión social, al ver la desgracia  y sufrimiento de grandes grupos de personas golpeadas por un incendio o por fenómenos de la naturaleza. Profesores, médicos, conductores de los camiones de la basura compartiendo unidos y felices un mismo ideal. Eso marcó mi posición y supe que era aquí donde debía estar”.