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“Nuestro mandato como Masonería es procurar aportar a construir una mejor sociedad. Ello se logra con principios éticos y morales en un discurso transversal en que todos tienen cabida”, Álvaro Echeverría, Director Ejecutivo, Departamento de Asuntos Públicos, Gran Logia de Chile.

No es posible todavía evaluar los costos de la pandemia y las otras crisis que vive el país. Dependerá del tiempo que se prolongue el confinamiento, las medidas que tome el Gobierno, la capacidad de resistencia de muchos actores y sobre todo de la voluntad de cada ciudadano. Una crisis que la Gran Logia de Chile  había  anticipado y que hoy se ve incrementada por el Covid-19. Habitualmente la posición de la Masonería es tomar una posición de avanzada y así fue como en 2017 se publicó el primer libro “La Masonería Piensa a Chile”, que recogió mucho de lo que posteriormente ha surgido como demandas sociales y necesidad de una modernización del Estado.

En este nuevo escenario, hoy una de las grandes ocupaciones del Gran Maestro, del Gobierno Supremo y de la Gran Logia de Chile es la profunda reflexión y estudio en relación a cuál es el destino país y proyecto de país que aspiramos. La mirada de la Institución después de esta pandemia, que hoy ya suma la crisis institucional, económica, social y de salud, ha develado lo que ya estaba mal y que es necesario corregir y cambiar.

Para ello, el país requiere profundizar en nuevas reformas que respondan al nuevo escenario y que requiere de agentes de cambio. Es así, como la Gran Logia de Chile, asumiendo un rol de avanzada y de futuro, está trabajando en la preparación de un Proyecto País que espera publicar una vez terminada la consulta sobre el proceso constituyente a través del plebiscito.

Se han  invitado a los Miembros de la Institución  a sumarse y contribuir y no retrotraerse a lo que históricamente ha sido el aporte que han hecho al país y cuya huella es parte de la historia de Chile. “La Masonería Propone a Chile” es un proyecto que no responde a intereses partidistas ni intereses creados, sino a lo que la Institución masónica nos ha enseñado. Una visión Republicana para que cada miembro entregue lo mejor de sí, en un mundo que tiene que converger hacia lo humano”, acota Echeverría.

Es precisamente esta mirada la que anima a la Gran Logia a impulsar la idea de “La Masonería Propone a Chile”, un proyecto que ya tiene 32 Comisiones de Trabajo funcionando virtualmente, que trabajan en temas relevantes para el futuro del país y que se relacionan con los temas y áreas como la institucionalidad, el desarrollo social, la educación, salud, defensa, entre otros, basados en las mejores propuestas y soluciones que resulten y que estén transversalmente vinculados a los principios y valores de la Orden y la Patria, que nos son otros que considerar los temas éticos y las buenas prácticas, para que sean adquiridas por toda la sociedad.

No se trata de un documento evaluativo de lo que ha pasado. Hay muchos de ellos circulando, dicen muchos Hermanos, se trata de una contribución real, concreta, como la masonería lo ha hecho en otras épocas, para enfrentar un nuevo mundo.

Es hora de reformular un país  de cara al siglo XXI, que haya escuchado el clamor ciudadano, que resalte la dignidad, el respeto, el orden, la libertad, la solidaridad y la fraternidad. Las preguntas y propuestas saltan a la vista: seremos más solidarios, refundaremos la política, qué valores serán prioritarios, cómo evolucionará la economía, cómo será la relación entre las personas y las sociedades. Corregiremos los errores del pasado, habremos aprendido del pasado, estaremos en condiciones de dejar nuestro individualismo y de verdad tener un país más integrado, más igualitario, más imaginativo, más justo, que estimule y otorgue derechos y deberes a sus ciudadanos. 

Es consabido que se logran mejores resultados cuando hay consensos, un acuerdo transversal respecto a qué medidas tomar. Aquí tenemos una crisis sanitaria, social y económica, pero no podemos olvidar que teníamos situaciones de orden público no resueltas. “Dado el momento complejo, se debe marcar un liderazgo, debemos prestar un apoyo y contribuir al desarrollo del país. Para ello necesitamos una masonería unida y en ella los queremos a todos. Estamos conformando Mesas de Trabajo por cada una de las áreas/sectores de interés para el país, estas estarán constituidas por masones y profesionales externos a la Orden. Nadie puede quedar fuera y los miembros de la Institución que aún no se hayan incorporado y sientan ese llamado a esta convocatoria, las puertas están abiertas. Todos tienen cabida, nadie puede quedar fuera. Debemos estar más conscientes que nunca que una de las responsabilidades de la Masonería es preocuparse del diario vivir. Dónde está el justo medio. Es una responsabilidad de contribuir y de vocación de servicio público a través de este proyecto”, reflexiona Echeverría.

UNA OBLIGACION MORAL

La Gran Logia de Chile ya comenzó a dar ese paso inicial, tan necesario en tiempos de pandemia, adelantándose a lo que viene, a seguir buscando la verdad y a seguir profundizando en cómo lo hace, con discreción, respeto, tolerancia y libertad, escuchando todas las opiniones y reflexiones sobre estos temas.

Con una mirada Republicana, profesional, solidaria, inclusiva, eficiente y fraterna con alto contenido ético y de desarrollo para todos, se trabaja en un primer documento que, a fines de julio, verá la luz con los primeros contenidos que se pondrán a disposición de todas las Instituciones pertinentes.

Este debe ser un llamado de compromiso, de ir a lo más profundo de la formación masónica de hombres buenos para aportar a una sociedad que quedará debilitada en todas sus partes. Nadie puede aventurarse en fechas de término de esta pandemia, en cómo se recuperarán las instituciones. La única certeza es lo que los Hermanos conocen, practican y han hecho suyo: Ética, Fraternidad y la seguridad  de seguir construyendo vida, entre otros grandes valores.

VALOR DE UN GESTO

El reconocimiento implícito por parte de quienes probablemente ni siquiera se lo han planteado nunca, de que lo que nos distingue como humanos es la cooperación, que somos la especie más colaborativa que existe, y que, como han mostrado los psicólogos, lo somos desde los primeros meses de nuestra vida.

La razón no es tan exclusiva de nuestra especie como se creía; si acaso lo es la pretensión de tener la razón a toda costa. Esta declaración es un reconocimiento a un valor masónico relevante.

La globalización se hizo más patente que nunca. Hemos asistido a la eliminación de todos los umbrales e incluso ya se piensa en una Europa cooperativa e integradora de políticas económicas. El multilateralismo es una condición que adoptarán los países paulatinamente; entonces, se debe considerar seriamente nuestra mayor inclusión.  Por ejemplo, en la política vecinal, el desarrollo integrado de nuevas matrices productivas y de servicios, industrias creativas, etc.

Los masones han sido hombres de avanzada, de modo de trascender al mundo exterior. Se reconocen entre sí como Hermanos donde quiera que vayan y deben y tienen que contribuir con una mayor y mejor sociedad. Los valores masónicos son fuente inspiradora para el país. Los miembros de la Institución son un baluarte que sabe de vicisitudes, que sabe de guerras, que sabe de persecuciones, que sabe de incomprensiones, que sabe de historia, de construcción y de planificación.

Muchos ya se han referido al problema filosófico que plantea la existencia del mal versus el bien. Al parecer, si estuviésemos en un mundo frío y calculador, para el que los muertos son sólo cifras, no tendríamos la cantidad de jóvenes dispuestos a ayudar a los mayores. Es claro que la “cooperación” o llámese solidaridad ha vencido al miedo.

La pandemia y la necesidad de tener un espacio para todos cambió el mundo. Ya no se trata de un país, ni de un continente. Es un tema mundial, global, hoy tenemos, debemos pensar, proponer y solucionar con una mirada integradora y solidaria.
Ya dejó de ser una solo una sensación la idea de que la vida estaba dando un giro. Hoy, podríamos decir que el cambio se ha comenzado a asentar en cada individuo. Sin embargo, aún no nos recuperamos de la perplejidad, del asombro y la incertidumbre que nos ha producido este enemigo, debemos sacar lo mejor de cada uno de nosotros y contribuir al bien común.

Quizás el mundo sea muy diferente cuando todo esto acabe, como ya sugieren algunos, esperamos que esa diferencia sea para bien, de ser así, se deberá a esa fuerza extraña que nos empuja a cooperar con los otros, en la cual se incluye la voluntad de reconstruir de nuevo los vínculos sociales e institucionales que se hayan quebrado, que incluya a todos y desde esta enorme diversidad de pensamiento y posturas, podamos juntos construir el país que queremos para todos.

¡La invitación está extendida!