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Funcionando al amparo de la logia masónica Luz y Perseverancia, están abriendo sus puertas a más mujeres con intereses laicistas y de perfeccionamiento.

A la luz de valores comunes con la Gran logia de Chile, como Igualdad, Fraternidad y Perseverancia, la Asociación de Mujeres Laicas de Chile, conocida también como Centros Femeninos Paramasónicos, realizó un importante encuentro ideológico zonal, en dependencias de la logia Luz y Perseverancia N°43 de la ciudad de Curicó.

Bajo el tema “Autoconocimiento y autoestima”, el encuentro zonal reunió a más de cien mujeres de las regiones Quinta, Sexta, Metropolitana y Séptima, contando con la participación de la Presidenta Nacional de la Asociación de Mujeres Laicas Gloria Hurtado Cosgrove y la Presidenta regional Alicia Ramos Ponce

La organización agrupa a cerca de 1.500 mujeres a nivel nacional, con un trabajo permanente en el desarrollo de las capacidades individuales de la mujer, a través del fortalecimiento de valores, la espiritualidad y el autoconocimiento, para de esta forma aportar en el entorno social.

Las reuniones zonales, como la realizada en Curicó, forman parte del sello de la actual dirección nacional  y permite el acceso a un mayor número de integrantes a estos encuentros. 

En el caso del realizado en Curicó, congregó a más de cien mujeres en torno al tema “Autoconocimiento y autoestima”, escogido con la finalidad de abordar distintas visiones para mejorar la formación personal de cada integrante de la Asociación.

“Para que el ser humano pueda salir al mundo, primero debe conocerse así mismo. Para ser menos egoísta y ayudar a quienes tenemos cerca nuestro. Esto nos lleva a una reflexión profunda del ser humano, ya que en nosotros mora la riqueza y la elevación del espíritu”, señaló la presidenta nacional.

INSERCION DE LA MUJER EN LOGIA

Los Centros Femeninos Paramasónicos, cuyo nombre público y legal es Asociación de Mujeres Laicas de Chile se fundó el 8 de octubre de 1955. El objetivo principal, fue responder a la necesidad de las mujeres que estaban en un entorno cercano al hombre masón, de cultivar los valores que se desarrollan en la masonería.

 Para la Asociación de mujeres Laicas de Chile, la intención no es que en la logia masónica masculina ingresen mujeres, sino muy por el contrario, la búsqueda apunta a fortalecer la familia masónica, donde tienen cabida las mujeres, hijos, hijas, nietos, esposas, etc.

“La logia necesita de su compañera para formar la familia masónica. Los  centros femeninos tienen tres objetivos; el primero es el perfeccionamiento integral de la mujer, valorico, espiritual. El segundo es el fortalecimiento de la familia masónica, con conocimientos y valores para transmitir a los hijos y el tercer propósito es la práctica de la filantropía más pura, que la conoce solo quien la recibe”, agregó Hurtado.

ASOCIACIÓN PARA TODAS LAS MUJERES

En principio los centros femeninos eran muy reservados y conservadores. Las mujeres que la integraban tenían como requisito obligado poseer un vinculo directo con un integrante de la masonería, ya sea consanguíneo o por afinidad, este último en el caso de la cónyuge.

“Pero las sociedades han cambiado y se realizó una reforma a los estatutos, aprobado también por la Gran Logia Masónica de Chile, realizando una apertura del vinculo, que incorpora también a otras mujeres que no tengan un lazo consanguíneo con algún integrante de la logia masculina”, expresó.

De esta forma, la Asociación de Mujeres Laicas de Chile, si bien hace una selección de las mujeres que la integran, ya que debe tener valores similares a los que se difunden en la logia masónica, se encuentra abriendo sus puertas a otras personas que anteriormente no podían ingresar a dicha organización.

“Independiente si pueden o no pertenecer a estas asociaciones laicas, nuestro mensaje es que las mujeres busquen la luz y el horizonte que las lleve a empoderarse de su rol y conocerse a sí mismas. Las mujeres somos las que tomamos las palabras, damos el primer paso y somos las sostenedoras de la familia”, puntualizó la Presidenta Nacional.

Por Maria Elena Millar Besamat, Periodista