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Dos miembros del nuevo Gobierno de España lucieron en su solapa un triángulo rojo invertido al prometer sus cargos ante Su Majestad el Rey. Su gesto ha sido motivo de recuerdo en los medios de comunicación del significado de este símbolo, que formaba parte del sistema de clasificación de prisioneros de los campos de concentración del Régimen Nazi: masones, comunistas, socialdemócratas, conservadores o católicos compartimos este emblema que nos identifica como enemigos políticos del Régimen.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, algunos supervivientes utilizaron el triángulo rojo, resignificando el símbolo con el que habían sido marcados. Para recordar el Holocausto del que fuimos víctimas los masones, tenemos nuestro propio símbolo: una flor, el nomeolvides, que nuestros Queridos Hermanos utilizaron para reconocerse entre sí en el corazón de Alemania en aquella época oscura. Dentro de unas semanas, muchas instituciones en todo el mundo celebrarán de forma solemne el Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad. Estarán repletas de nomeolvides. Sorprendentemente, en España, en algunos de estos actos institucionales todavía no se invita a la Masonería Española a participar. Es un olvido que dura ya más de 15 años.

Algunos cálculos cifran en 200.000 los masones víctimas del Holocausto. El Museo del Holocausto de Estados Unidos recuerda que el exterminio de la Masonería bajo el régimen Nazi se inició de forma muy temprana. En 1934 se confiscaron sus bienes, sus bibliotecas, sus archivos y se decretó que las logias eran enemigas de Estado alemán. La sección especial II/ 111 del Servicio de Seguridad de las SS se ocupó específicamente de la represión de la Masonería. Los Nazis disolvieron todas las organizaciones masónicas en los países ocupados incautando su documentación, que fue remitida a la Oficina Central de Seguridad del Reich. Fueron primero marcados y después enviados a los campos, como otras víctimas, donde portaron el triángulo rojo. Entre los archivos incautados estaban los del Grande Oriente Español en el exilio de París, que fueron copiados y remitidos a Madrid para alimentar el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.