Lo bueno está relacionado con el bien y el camino de la virtud. Carlos Cortés Barrios fue un hombre “bueno”. Una persona que actuó conforme a lo que es correcto; llano y agradable, que estuvo por sobre el común, un ser extraordinario.

Se marchó con el mismo sigilo y prudencia que lo caracterizó en vida, con una humildad que fue una de sus grandes fortalezas y que lo hizo ser querido y respetado. Una persona con una gran disposición a escuchar y aprender, más que a enseñar.

Rodrigo Salinas, Gran Secretario General de la Gran Logia de Chile

“No tendrías forma de enterarte Carlos de las palabras que en esta ocasión te dedicamos... y tal vez es mejor que sea de ese modo, conocedores de tu proverbial distancia de los elogios y del culto a la personalidad, que acecha a quienes alcanzan los altos grados y dignidades con las que fuiste distinguido, sin haber trabajado, previamente, con el ahínco que tu lo hiciste, en la edificación de una conciencia moral fuertemente anclada en los valores del Humanismo y la Fraternidad.

Es la fe en nosotros mismos, esclarecida por la razón la que debe alentar con fuerza irresistible, nuestros anhelos de edificar una sociedad con nuevas formas de vida, más dignas y más humanas…. Es ese voluntarismo, el que te entregó la fuerza necesaria para empuñar el cetro rector, que recuperó el rol señero que el Escocesismo cumple en el seno de la masonería”, dijo Rodrigo Salinas, Gran Secretario General al dedicarle sus últimas palabras a Carlos Cortés.

Rodolfo Carrasco, Prefecto Inspector de la PDI

Sin embargo, no fue solamente la Gran Logia que despedía a uno de sus hermanos más sabios. Lo hacía la Universidad de Chile, la PDI, su familia y tantos otros. Todos querían rendir un tributo, un elogio al amigo, al colega, al policía cuyo compromiso se convirtió en un legado país. Así lo expresó, el Prefecto Inspector Rodolfo Carrasco de la PDI. 

Su hija Soledad Cortés,  en tono entrecortado  decía que su mente estaba en blanco, que las palabras se le escapaban, pero que podía sentir la mano firme de su padre que la guiaba. “Eres el mejor de los mejores. repetía con emoción profunda”

No le cerró nunca la puerta a un necesitado porque su valor máximo era creer en las personas y eso implicaba no juzgar.  Le intrigaba la naturaleza humana y por ello creía profundamente en la capacidad de dialogar, alerta y abierto a entender. Tenía una clara necesidad de tomar los desafíos sin eludirlos, sin renunciar : un extraordinario masón, un señor de la francmasonería como lo definió uno de los asistentes.

Soledad Cortés, hija de Carlos Cortés Barrios 

Los designios de nuestra propia naturaleza humana tenían reservada para el ilustre hermano Carlos el fin de esta etapa y el comienzo de una nueva, para aquellos que han cumplido con su deber, acotó Carlos Soto Sánchez, Gran Ministro del Supremo Consejo.

Hemos consagrado nuestros más fraternales honores. Me siento orgulloso de haber estado a su lado y haber compartido muchos trabajos, cerró Alvaro Pulgar, Soberano Gran Comendador.

 

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