“Ante todo sé una buena persona  y en todo lo que hagas, sé el mejor”, fue la máxima de vida de Carlos Cortés Barrios.

El aprecio y respeto demostrado por el Supremo Consejo, la Gran Logia de Chile, los Cuerpos Escoceses de las Jurisdicciones, el Comité de Estudios de los Grandes Inspectores Generales, el Centro de Altos Estudios Citerior, la Logia Superación Nº 21, la Universidad de Chile, familia, amigos y tantas otras personas que han desfilado en el Gran Templo de la Gran Logia son un testimonio de lo que fue el “Maestro de Maestros”.

Pareciera una coincidencia y no lo es; pareciera que todas las personas sin conocerse se hubiesen puesto de acuerdo; pareciera como si el querido hermano Carlos Cortés hubiese impreso y esparcido  su visión de mundo. Todos sus  cercanos lo definen igual: “una persona que supo transmitir e inculcar los valores masónicos que son los que se deben llevar a la acción.

Mario Cuadra Gómez, ex Presidente de la Logia Justicia y Libertad Nº 5 y la Logia Orestes Frodden Lorenzen Nº 146, habla de una mente lúcida que inculcó en su alma los principios masónicos. “Lo  conozco desde el año 84. Fue mi Presidente en el grado 31. Su enseñanza se va a extrañar sobre todo ante los problemas actuales en que enfrentamos una gran pérdida de valores”, reflexiona con pesadumbre.

Su nieta Isidora Morong Cortés, heredó la escuela de su abuelo, no sólo en seguir los pasos humanistas sino en esa forma de aproximarse al otro, en detenerse a saludar, a contestar una consulta o simplemente escuchar. Tiene 26 años, es socióloga y cuenta tímidamente que su abuelo leía todos sus trabajos y cada uno de ellos era motivo de elogio. “Mi abuelo siempre sacó lo mejor de cada persona, tenía una bondad innata, hizo más que el bien; trascendió más de una vez”, acota  Isidora.

“A las mujeres se las respeta, porque lo merecen, por lo que queda prohibido contar un chiste en presencia de ellas. Un chiste puede escalar y no se sabe donde termina”. Es la anécdota que no ha olvidado el ex Presidente de la Logia Volcán del Maipo Nº 96, Carlos Fariña. Reconoce que en hechos como este, radicaba  la exigencia que imprimió a los hermanos con el objeto de dejarlos bien encaminados. Siento que “la educación la llevó a la masonería”, concluye Fariña.

El Maestro de Maestros tuvo dos grandes amores en su vida: la educación y La Logia que era también su hogar. No hay palabras para describir lo que representaba, reflexiona su cuñada Teresa Romo.