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Nueva Constitución, acuerdo con iglesias protestantes históricas y convento masónico fueron algunos de los temas abordados en la entrevista al diario La Tercera por el Gran Maestro, Sebastián Jans Pérez.

“Toda esta crisis se resuelve con mucha política y así ha quedado demostrado con el Acuerdo por la paz y la nueva Constitución”, plantea Sebastián Jans, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, al referirse a los últimos acontecimientos después del estallido social del 18 de octubre pasado.

Jans plantea que es vital el diálogo entre las distintas instituciones. De hecho, hace unos días firmaron un acuerdo único e inédito con las Iglesias Protestantes Históricas, para el cual concordaron el trabajo en mesas de diálogo, “a través de las cuales se puedan recoger las propuestas comunes para ayudar al país a superar la crisis que le afecta”, indica la autoridad de la Gran Logia de Chile.

Sostiene que conversar y superar los mitos que los separaban era parte del reconocimiento de su propia razón de ser. Por eso, dice que están confiados en que serán muchas más las instituciones que se sumarán a ese acuerdo.

Luego del Acuerdo por la paz y una nueva Constitución tenemos un proceso para cambiar la Carta Fundamental ¿Cuál es su opinión sobre esta materia?

Debemos tener una Constitución generada en democracia, que es lo que Chile quiere. Una nueva Constitución que establezca un nuevo contrato social, donde los principios de equidad, justicia y nuevo trato señalen un recomenzar de la República. Hay que determinar junto a la ciudadanía quién elaborará una eventual nueva Constitución. El instrumento constituyente debe ser ratificado por el pueblo a través del plebiscito. Que decidan los ciudadanos quienes componen la convención. Los espacios generados en estas semanas para que la ciudadanía pueda entregar sus propuestas son parte importante en este proceso. Las personas no solamente son un voto, sino que una opinión y deben ser escuchadas.

¿Qué aporte concreto hace la masonería en este escenario?

Hemos convocado a lo que llamamos “Convento Masónico”, una convención que partió en las logias en noviembre y está terminando ahora este mes. El objetivo es saber qué está pensando nuestra membresía. Eso dará origen a un documento que será compartido con la ciudadanía. Si alguien piensa que se va a encontrar una solución sin la gente, está equivocado. Sería muy potente que la próxima Constitución tuviera un respaldo de envergadura, para darle solidez. Toda Constitución es el contrato social que nos une como República. Además, estamos permanentemente organizando encuentros con distintas instituciones, líderes de opinión, de modo de ser facilitadores de un diálogo que es lo que el país requiere con urgencia. Es nuestra esencia como masones el respeto a la opinión ajena y la aceptación de una transversalidad. Las personas son sujetos de opinión, no solo de derechos. Las personas no solo son un voto, sino que una opinión válida que debe ser escuchada. Hoy es fundamental escuchar sus sentimientos.

¿Se pudo anticipar la crisis ocurrida en el país?

En las jornadas nacionales hechas por la masonería durante los días previos al estallido social hubo una reflexión donde se señalaban las deudas de la sociedad que producen un descontento. Nuestra membresía está conectada con las realidades locales y hay críticas al modelo. Lo que sí sorprendió fue el nivel de violencia que se ha visto. Un tema determinante de la inequidad del sistema es la carencia de políticas concretas para repartir los frutos que ha producido la riqueza en el país. Vemos que la clase media no tiene políticas sociales, y por eso, buena parte de la sociedad está disconforme. Los problemas centrales de las personas tienen que ver con el sistema de salud y la educación. El sector político no solucionó esto, lo que derivó en que hayamos terminado con este nivel de rechazo y protesta.

SEÑALES

¿Qué le parecen las señales que ha dado el empresariado, por ejemplo, mejorando los sueldos de su personal y abriéndose a mayores tributos?

Me parece bien. Considero que es importante que los grandes empresarios hagan una contribución y entiendan que el sistema tributario que existe en el país es de privilegios. El gran esfuerzo que deben hacer los empresarios es contribuir a un sistema más justo y más redistributivo. Si el estado tiene más capacidad de recaudación, podrá repartir esos recursos. Obviamente mejorando su propia gestión, que debe ser más eficiente. Me parece también que otro aspecto importante de parte de los empresarios es que los capitales se mantengan en el país y no estén en paraísos fiscales. También es importante que el pago de las grandes empresas a las pequeñas sean efectuados a tiempo.

Además de cambios concretos, ¿se requiere fortalecer los estándares éticos en todos los sectores de la sociedad?

No me cabe duda que habrá soluciones políticas, pero lo importante es el sustento ético, y cómo dibujamos un nuevo país. La gente quiere respuestas éticas, un nuevo trato que signifique respetar la dignidad, convivir en armonía, y eso hay que sostenerlo en una trama ética bastante sólida. La gran falla que produjo la crisis que vivimos en Chile es la desconsideración ética de quienes detentan formas de poder. No es fácil recuperar este valor, pero creemos firmemente que es lo que el país necesita: volver a nuestras raíces valóricas.

 

ENTREVISTA EN EL DIARIO