El diario El Sur de Concepción, en su edición del sábado 16 de febrero, destacó la figura del Gran Delegado Jurisdiccional del Gran Maestro en Concepción, Héctor Palavecino Wigand, quien mediante una entretenida entrevista, en la sección de Vida Social, cuenta interesantes detalles de su vida personal y masónica.

A continuación puede leer la nota transcrita o ir a la página del diario en el siguiente link: El álbum de: Héctor Palavecino Wigand, Gran Delegado de la Gran Logia de Chile

 

 

EL ÁLBUM DE

Héctor Palavecino Wigand

Gran Delegado de la Gran Logia de Chile

No para de ordenar simétricamente  la carpeta de su escritorio mientras conversa. Para el profesor y exdirector de escuela, Héctor Palavecino, es la primera vez que da una entrevista en su cargo de gran delegado jurisdiccional del gran maestro de la Gran Logia de Chile para la ciudad de Concepción. Sabe que ser el hombre visible de la masonería en Concepción implica hacer honor a los valores de la Orden ante la opinión pública.

Viste impecable de traje, camisa blanca y tirantes; de trato propio0 y respetuoso. Al pasar el rato, sin perder la compostura, suelta relajadas risas recordando su infancia y juventud y tras contar varios aspectos de su vida confiesa: “soy un poco más desordenado, las formalidades son buenas con el contexto adecuado”.

“De mi niñez y adolescencia, tengo los mejores recuerdos, ya que gran parte de las vacaciones escolares las pasaba en el campo de mis abuelos maternos, disfrutando de la naturaleza, de las ricas frutas y verduras y aprendiendo de las sabias enseñanzas de mi abuelo”. Su abuelo Hugo, fue inmigrante italiano que se radicó en San Carlos y posteriormente, en Pitrufquén; allá estaba el campo donde pasaba desde navidad hasta el ingreso a clases.

En ese campo se juntaba con todos los primos, tomaban leche de vaca. “Era un deleite andar a caballo, ir a la vertiente, ver las plantaciones. Creo que en ese tiempo era un poco así la vida, nos contentábamos con tan poco”.

Esa vida sencilla fue inculcada de una familia temucana de clase media, como el tercero de cinco hermanos. “Mis padres fueron Orlando, funcionario de la Policía de Investigaciones, y Raquel, como era en esa época, era dueña de casa. Recibí una muy buena y rigurosa educación, ya que siempre se nos inculcó que había que ser buenas personas, honradas, respetuosas y andar con la frente en alto por la vida”.

La Docencia

Cuando estaba en Temuco iba los domingos a canjear revistas que coleccionaban los chicos de su edad  y también pasaba bastante tiempo en el cine o jugando fútbol. Creció en una villa donde había solo familias de investigaciones, por lo que era muy seguro y podían pasar todo el día jugando sin sobresaltos. “Usted dejaba algo botado, y al día siguiente estaba ahí; no había rejas, las puertas y ventanas abiertas día y noche”.

Los estudios primarios los realizó en la Escuela Fiscal Nº 10, “Humanidades en el entonces Liceo de Hombre –Hoy Pablo Neruda- y en la Universidad Católica obtuve el título de Profesor de Estado”. Con estos recuerdos deja entrever al niño rebelde de la época: “Era bien inquieto, inquisidor siempre preguntando; pero buen alumno, no me bastaba con lo que me decían”. Atribuye su curiosidad permanente a la lectura, estudió letras en Humanidades donde adquirió un gusto especial por autores nacionales y obras clásicas.

Su intención original era estudiar Derecho o Periodismo. Como quedó en espera, optó por Educación en Historia y se fue enamorando de la docencia. Cuenta con orgullo que muchos de sus alumnos lo saludan hasta hoy.

“Inicié mis actividades como docente en Lota a comienzos de loa `70, donde vine por un par de años y terminé por quedarme definitivamente por los 43 años que duró mi vida académica activa; donde fui director de las escuelas Ángel de Peredo y Santa María de Guadalupe por 28 años. Allí participamos de la Asociación de Directores de la comuna, donde ocupé diversos cargos, incluyendo su presidencia, y por cierto de nuestra querida Upech (Unión de Profesores de Chile), que más tarde pasó a ser la Asociación Gremial del Colegio de Profesores de Chile”.

Fu Familia

Se casó con María de Rosario con la cual tuvo tres hijos: Héctor Leonardo, Marcela Valesca y Dino Carlo, “que me ha dado la única nieta que tengo, Bianca Antonella, una ancantadora pequeña de ocho años a quien quiero y adoro”, cuenta.

Su esposa falleció producto de una severa insuficiencia renal antes de cumplir 38 años, cuando su hijo mayor tenía 14. Así pasó a ser papá soltero por un tiempo y sin familia cercana ya que todos eran de Temuco. Luego se casó por segunda vez con Verónica del Carmen, que fue su apoyo en la crianza de sus hijos.

Hoy disfruta especialmente del tiempo con su nieta Bianca. “Me la pasan por una tarde completa y vamos al Mall, al parque o a alguna biblioteca. Ella me dice qué quiere que hagamos, conversamos mucho y antes de irnos pasamos por un helado a un local al que siempre vamos. Cuando estaba más chiquitita íbamos al restorant con juegos, pero ahora prefiere otras cosas; le gusta mucho la danza y siempre que puedo me arranco a chochear”, asegura.

“De mis años en la querida Lota, también guardo muy buenos recuerdos; sobre todo por su gente tan atenta y solidaria, que fue –seguramente-, lo que nos hizo echar raíces en esa comuna. Sin embargo, no todo fue color de rosa, pues siendo un joven e idealista profesor, ocurrió el golpe militar. Por mis inquietudes sociales, era uno de los 11 miebros del Directorio del SUTE (Sindicato Único de Trabajadores de la Educación), detalla Héctor, organización que fue forzosamente disuelta.

Dirigió sus inquietudes hacia el deporte. Participó activamente de la Selección de básquetbol del magisterio local con quienes representaron a la región en varios campeonatos nacionales como en Antofagasta, Santiago y Castro. También apoyó la parte administrativa: “Creamos la Asociación de Básquetbol Lota Schwager que albergaba a equipos de Lota, Coronel y Puchoco. Además, fui presidente del Consejo Local de Deportes de Lota”.

Masonería: Un estilo de vida

“Creo que hay cinco cosas que tengo que destacar en mi vida: mis hijos, mi matrimonio, mi titulación, dejar de fumar y el ingreso a la orden”, afirma el exdocente, recordando que tal hecho ocurrió el 10 de julio de 1976, cuando tenía 28 años.

“Es un orgullo pertenecer a la masonería, no sé si alcanzo a ser masón, porque esas son palabras mayores. Cuando alguien ingresa a una colectividad tiene que hacer de so su vida, y eso es lo que he tratado con la masonería, hacer de mis principios y valores de la orden un principio de vida; los estándares son más altos”, declara Héctor Palavecino.

Describe a su orden como una “institución docente, una escuela y como tal, tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad a través del amor, la solidaridad, la justicia y la paz; para alcanzar la fraternidad del género humano”.

Aunque ya tiene más de 70 años, no para de ponerse metas a la cabeza de la organización y copar su agenda. “Estamos trabajando en la próxima inauguración en marzo, de una sede cultural que albergará a los centros femeninos y a los grupos juveniles laicos de la zona”, concluye.