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Hasta la pequeña localidad de Llanta se trasladó el Gran Maestro Sebastián Jans Pérez para participar de los trabajos masónicos de una Logia que desarrolla sus labores pese a todas las dificultades que implica no tener agua ni servicios básicos.  

En el subterráneo de una pequeña casita ubicada en la localidad de Llanta, a 24 kilómetros al este de Diego de Almagro, en la Región de Atacama, llegó el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Sebastián Jans Pérez, acompañado del Primer Gran Vigilante, Juan Urrutia Bordagaray.

La modesta infraestructura, alberga a 22 miembros de Logia que irradian una mística que se impone a todas las adversidades que deben sortear para ejecutar sus reuniones semanales. Entre ellas no contar con agua potable, alcantarillados o servicios sanitarios.

Para el Gran Maestro, Sebastián Jans Pérez, “resulta casi imposible poder transmitir lo que se vive en una Logia de estas características. Es casi mágico el momento que se puede llegar a compartir, el cariño y la fraternidad que recibimos las visitas y la fuerza que nos entrega el ver a estos hombres realizar la masonería en pleno desierto y en condiciones casi imposibles”.

El pequeño templo estaba repleto y “la emoción de poder contar y mostrar cómo se hace masonería en esa localidad minera fue notable”, comenta el Gran Delegado de la Jurisdicción de Atacama, Yuri Jeria Muñoz, quien agrega que “el espíritu que se generó con la visita del Gran Maestro es precisamente lo que queremos impulsar en nuestra Jurisdicción, la regionalización de los proyectos masónicos que tal vez no son tan grandes, pero que son el fruto de muchos sacrificios de los integrantes de esas logias, y la Logia Rafael J. Valdés N° 165, es ejemplo de aquello”.

En la actividad participaron, además, miembros visitadores de las Logias Orden y Libertad N°3, Atacama N°164 Triangulo Alicanto N°35, quienes acompañaron a los anfitriones y participaron, posteriormente de un ágape fraternal.

Terminados los trabajos másonicos, viene la última complejidad, ¿cómo cocinar sin agua? La solución que encontraron en Llanta fue llevar la comida preparada y calentarla en hornos micro ondas. Al finalizar, uno de los integrantes, encargado del servicio de banquetería, toma toda la loza sucia y se la lleva a su casa. Han terminado los trabajos y todos se retiran satisfechos y contentos con la labor realizada. Ahora el viaje hasta casa puede durar hasta 3 horas.