Columna de opinión de Sebastián Jans, Primer Gran Vigilante de la Gran logia de Chile, historiador y escritor, aparecida en sitio de Radio Portales.

Los días 16 al 17 de noviembre recién pasados, adquieren una relevancia para las personas de espíritu libre de América Latina, debido a que, en la ciudad de Mar del Plata, tuvo lugar la realización del Segundo Congreso Internacional del Libre Pensamiento, denominado también “Congreso de las Américas”, el cual contó con la presencia de hombres y mujeres provenientes de Argentina, Canadá, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, México, Paraguay y Uruguay, representando a más de 45 organizaciones que llegaron hasta la Universidad Nacional de Mar del Plata, escenario del encuentro.

Fue una significativa jornada de reflexión, donde se presentaron más de 40 ponencias en las seis mesas de debate que se desarrollaron durante el evento, en las que se abordaron temas tales como la libertad de conciencia y la laicidad del Estado, especialmente en Latinoamérica, la constatación de los nuevos oscurantismos y el rol de las sectas, el estado de la emancipación femenina, las reivindicaciones del librepensamiento y la libertad de conciencia en los países representados, la necesidad de una modernidad alternativa, y la importancia de una educación pública, laica y gratuita como pilar de una sociedad librepensadora.

El libre pensamiento es, en esencia, un método y conducta que permite percibir e interpretar la realidad, a partir de la emancipación de todo dogmatismo. Es un método, en tanto permite adquirir conocimiento, tomar decisiones, ejecutar acciones y corregir errores, nutriéndose del pensamiento crítico a través del análisis reflexivo y racional de la realidad, tanto en el plano individual como en lo colectivo. Esta coherencia y rigurosidad de pensamiento se refleja en un comportamiento libre de prejuicios y tabúes, es decir, una conducta tolerante y racional, que se refleja en el ámbito público.

El librepensador es proclive a los ideales republicanos y a la práctica del debate libre en la sociedad, sobre todo en los temas que afectan el transcurrir del ser humano, por lo que promueve instituciones políticas laicas, democráticas y de profunda raigambre social, única forma capaz de unir la igualdad en la diversidad. Impulsa políticas y leyes que garanticen la pacífica convivencia y la máxima expansión de las posibilidades del desarrollo individual y social. Se opone al fanatismo religioso y político en todas sus formas. En líneas generales, fomenta un espacio público libre de dogmas y revindica la importancia de una persona humana autónoma con capacidad para desarrollar un interés por los asuntos públicos.

En ese contexto, considera que el hecho religioso tiene un alcance privado y privativo de quienes practican un culto, que no tiene alcance alguno para otras personas ajenas a él, por lo cual, toda manifestación de culto debe realizarse en el dominio que le es propio. De este modo, por ejemplo, resulta contrario a la libertad de conciencia un hecho producido en EE.UU. – relatado por David Rand, portavoz de la AILP en Canadá – y que comprometió al Ministro de Asuntos Extranjeros de ese país, John Baird, quien en mayo pasado, de visita en Washington, sostuvo en una cena de promoción de las libertades religiosas: “Nosotros sabemos que la libertad religiosa no significa estar libre de la religión”. Frente a ello, Rand refutará que la religión no es la dueña de la moral, insistiendo que la libertad religiosa no es efectiva sin poder estar libre de la religión como una opción legítima.

No ignoró Rand, en su análisis, la situación enfrentada por el mismo gobierno de Canadá, que debió formar una comisión investigadora de la verdad y pedir perdón, en relación con las Escuelas Residenciales (internados), entregadas a instituciones religiosas asociadas con el Estado, a las cuales fueron obligados a asistir los niños indígenas, y que se convirtieron en oscuro escenario de miles de abusos sexuales ocurridos durante décadas, en un hecho abominable de la relación del Estado canadiense y la Iglesia.

Las resoluciones que emergieron de los debates realizados en los tres días del congreso de Mar del Plata, recogen con fuerza los deseos comunes de los concurrentes para conseguir un progreso real para la libertad de conciencia, que se funda, de manera determinante, en la separación institucional de la Iglesia y el Estado. De allí que, ante los retrocesos vividos en las últimas décadas, en muchos países del mundo, la primera resolución del congreso apunta a promover imperiosamente la necesidad de esa separación.

Uno de los aspectos determinantes, en ese contexto, se plantea en investigar y evidenciar los fondos estatales, aportados por todos los ciudadanos, que se destinan al financiamiento de las religiones o de sus instituciones; y denunciar ante las comunidades nacionales los crímenes cometidos por las religiones o los clérigos contra las personas, propugnando la inexcusable reparación a las víctimas. De la misma forma, se manifestó el irrenunciable compromiso con la libertad de los individuos y el absoluto respeto a su libertad de conciencia, con la justicia y el respeto de los derechos humanos; y, en consecuencia, proteger las decisiones individuales, tales como la apostasía y el derecho a una muerte digna.

Un capítulo importante de las resoluciones es el compromiso de seguir trabajando por el pleno reconocimiento de los derechos de la mujer y la aplicación del principio de igualdad de derechos, combatiendo la violencia en su contra que se manifiesta en muchos países del mundo, por tradiciones religiosas obsoletas, y promoviendo el ejercicio de los derechos que permitan a la mujer decidir sobre su propio cuerpo.

Otro aspecto importante de las resoluciones fue la decisión de trabajar por el fomento de la libertad de asociación, la garantía de los derechos de los trabajadores, de los ciudadanos y la sociedad toda, para el desarrollo de una mejor vida. Una sociedad más justa y equitativa, fraterna y solidaria, que permita el desarrollo pleno de las capacidades de todos los seres humanos - hombres y mujeres - para lograr el perfeccionamiento material, intelectual y espiritual de la humanidad, afirmando que una alta aspiración humana es buscar la felicidad en el respeto de todos.

Se comprometieron también esfuerzos para trabajar por la conservación de la naturaleza como un bien común de todos los seres humanos, y por tener una educación y formación pública, laica y gratuita al servicio de todos los ciudadanos. De la misma forma, en continuar demandando la derogación de todos los concordatos suscritos por los diversos Estados con la Iglesia Católica y otras religiones, por los privilegios que de ellos devienen, así como la abolición de todo tipo de Estado confesional.

Por último, se resolvió apoyar a las asociaciones que, en el continente americano y en otros países, vienen auspiciando para celebrar los días 20 de septiembre de cada año, el Día del Librepensamiento, como homenaje a los hombres y mujeres que combaten por la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los seres humanos y los pueblos. Esa fecha recuerda la toma de Roma por las fuerzas de la unificación italiana, encabezadas por Garibaldi, y que representó un gran triunfo para las fuerzas democráticas, republicanas y seculares del mundo.

El último acto del Congreso consistió en rendir homenaje a MalalaYusufzai, la niña paquistaní a la que los talibanes atacaron e hirieron por defender la educación femenina.