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Con la presencia del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Luis Riveros Cornejo, altas autoridades masónicas de nivel nacional, jurisdiccional y local y autoridades civiles de la región, acompañados de más de 300 masones

y otras tantas centenas de público en general,  se dio una sentida y emotiva despedida a Alfonso Valenzuela Jara, en el Parque las Flores de la ciudad de Chillán.

El Gran Maestro Riveros destacó las virtudes humanas y docentes de Alfonso Valenzuela, reconociendo en él un ejemplo de lo que la Masonería espera de sus miembros: compromiso y amor por la verdad, la igualdad y la fraternidad.

Todas esas virtudes, señaló, le fueron reconocidas afortunadamente en vida, una y otra vez por sus alumnos, por la masonería chilena y por la comunidad toda. Ejemplo de ello fue el reconocimiento recibido en el año 1973 siendo elegido como el mejor profesor de la comuna.  En el año 2010, la Universidad del Bio-Bío, le entrega el premio “Educare” por su destacada trayectoria educacional.  El 26 de junio de este año, es distinguido con la medalla "Gran Maestro Sotero del Río Gundián", por la Gran Logia de Chile.

Riveros destacó también que Alfonso Valenzuela Jara, desde agosto de 1996 y hasta la fecha, fue nombrado por la Gran Logia de Chile como Gran Delegado Regional,  para la jurisdicción de Chillán.

Por su parte, Juan  González Hernández señaló que “más de 40 años enmarcan su carrera docente.  Sintió por la juventud el amor sincero que hace posible la aparición de un verdadero docente…, de un maestro, aquel que no sólo transmite conocimientos y experiencias sino que dispone las mentes y los sentimientos para vivir y trabajar con pasión y alegría, consagrados al servicio de los demás antes que a la consecución de frutos personales”.

Muchas generaciones de masones y alumnos, recibieron de Alfonso Valenzuela Jara, sabios consejos, porque eso será siempre “maestro de maestros”.

“Alfonso nos deja su ejemplo de consecuencia entre pensamiento y acción acompañado de su fortaleza que mantuvo hasta el fin de sus días, su serenidad, la postura y el equilibrio. Todo lo que poseen los seres privilegiados que viven en armonía consigo mismos y al servicio de los demás, constituyendo un ejemplo de honorabilidad, calidad académica y humana”, concluyó Juan  González Hernández.