Declaración Pública
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Ante los ataques a templos religiosos, que se han producido en el marco de las jornadas del estallido social, la Masonería no puede quedar en silencio, ya que consideramos que ello afecta al derecho fundante de todos los derechos humanos: la libertad de conciencia y, como consecuencia, el derecho de las personas a practicar sus cultos de acuerdo a la ley.

En virtud de esta afirmación de principios la Gran Logia de Chile considera necesario manifestar lo siguiente:

  1. Sin respeto a la libertad de conciencia, la que garantiza el derecho a las personas a autodeterminarse, a elegir sus creencias y comprensión de la vida, no hay verdadera dignidad ni protección de la condición humana y sus derechos inalienables.
  1. Lo que permite manifestar socialmente la libertad de conciencia, es la tolerancia, es decir, el respeto a la diversidad y al derecho de cada cual a vivir sus vidas según sus convicciones y tener lugares dedicados para practicarlas.
  1. Los credos religiosos, así como las otras manifestaciones de la espiritualidad humana, son parte del derecho de las personas a construir su vida de acuerdo a sus convicciones, sin pretensiones de hegemonía ni conculcar los mismos derechos de los otros.
  1. En toda sociedad democrática, los templos religiosos no solo expresan la diversidad social y el respeto a las creencias de todos, sino la legitimidad de cada cual a practicar su fe en sus lugares consagrados.
  1. Ante el lamentable ataque a un templo religioso acaecido el pasado viernes, que agravia a muchos chilenos en su fe, acción ajena al marco de lo que consideramos una legítima manifestación de descontento social, la Gran Logia de Chile, en la expresión de un deber ético insoslayable, viene en condenar enérgicamente la repetición de este tipo de prácticas, que en nada contribuyen a la conformación de un país mejor, al que todos debemos aportar con tolerancia y respeto.
  1. Sin respeto por el otro, sus ideas o creencias, sin respeto por los lugares en que las personas practican sus creencias, no habrá nunca verdadera transformación social, imponiéndose en cambio, de manera retrógrada, nuevas formas de opresión basadas en la violencia y el miedo.