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Jóvenes laicos deben construir Siglo XXI en pentagrama armónico de la existencia humana

El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Juan José Oyarzún, dibujó imaginariamente notas en un pentagrama para que los jóvenes laicos construyan el Siglo XXI en una existencia humana armónica. Así, entregó su saludo en el acto inaugural del Seminario Nacional de Jóvenes Líderes Laicos efectuado este sábado 8 de agosto en Santiago.

Jóvenes laicos deben construir Siglo XXI  en pentagrama armónico de la existencia humana

El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Juan José Oyarzún, dijo a los jóvenes que la tolerancia es el respeto de las personas, en tanto que individuos portadores de ideas, de creencias y de convicciones.

El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Juan José Oyarzún, dibujó imaginariamente notas en un pentagrama para que los jóvenes laicos construyan el Siglo XXI en una existencia humana armónica.

El máximo representante de la Masonería entregó de esa manera su saludo en el acto inaugural del Seminario Nacional de Jóvenes Líderes Laicos efectuado este sábado 8 de agosto en Santiago.

La actividad fue organizada por el Departamento de Acción Masónica (DAM) y, en forma simultánea, también se efectuaron actividades similares en las ciudades capitales regionales de todo el país.

MENSAJE

El siguiente es el mensaje del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile.

Damas y caballeros: Primero y principal - : Nos habría encantado iniciar este saludo diciendo algo así, como Queridas hermanas y hermanos. Pero, los hombres de estos tiempos aún no hemos logrado vencer los prejuicios del clasismo, el machismo y el racismo.

A los que son cristianos de ustedes, les aconsejamos estudiar un Décimo Primer Mandamiento, que enuncie: No prejuzgarás

A los que no lo son, les recomendamos pensar y practicar aquello de que es mil veces mejor encender una pequeña luz en vez de maldecir la oscuridad.

Tras esta descarga de adrenalina inicial, le manifestamos nuestro sincero agrado al dar a ustedes la bienvenida de la Gran Logia de Chile a este seminario para jóvenes lideres laicos de los valles de nuestra nación.

No les aburriremos explicando lo que nosotros entendemos por seminario más allá de su significado etimológico de semillero.

Trataremos de ir enhebrando un concepto después del otro, para tejer en vuestra comprensión la sarta maravillosa de las ideas con que queremos construir junto con ustedes el mundo del siglo XXI.

Primera línea: ¿Qué es el laicismo?

Por laicismo hay que entender, por una parte : La voluntad de construir una sociedad justa, progresista y fraternal, dotada de instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de la persona y de los derechos humanos, asegurando a cada uno la libertad de pensamiento y de expresión, así como la igualdad de todos ante la ley, sin distinción de sexo, de origen, de cultura o de convicción religiosa, y considerando que las opciones confesionales o no confesionales corresponden exclusivamente a la esfera privada de las personas; y por otra parte que la elaboración personal de una concepción de la vida se funda sobre la base de la experiencia humana, con exclusión de toda referencia confesional, dogmática o sobre natural, lo que implica la adhesión a los valores del libre examen, la emancipación respecto a toda forma de condicionamiento y el imperativo de una ciudadanía completa y justa.

El laicismo nuestro hace entonces simplemente referencia a valores.

Las pruebas al canto. Primer espacio: ¿Qué es, o qué debe ser el libre examen?

Valor laico por excelencia, el libre examen implica no solamente la afirmación de un derecho, el de la absoluta libertad de conciencia, siendo además sobre todo la afirmación de un deber; el de no reconocer dogmas y de proceder con espíritu crítico en la discusión de las ideas recibidas, de todas las ideas expuestas, comprendiendo en éstas inclusive aquellas profundamente ancladas en nuestro fuero interno, las más perniciosas, aquellas que son expresiones de un puritanismo soberbio, suficiente y engreído o más bien de algunos caducos y extemporáneos prejuicios de la sociedad moderna.

Segunda línea: El rechazo a la exclusión.

El dramaturgo alemán Bertold Brecht escribió: "Cuando vinieron a detener a un comunista, yo nada dije. Total, yo no soy comunista. Cuando vinieron a detener un liberal, tampoco dije algo. A mí qué: No soy liberal. Cuando vinieron a detener a un judío, también callé, ya que no soy judío.. Cuando vinieron a detenerme ya no había más víctimas…"

Y en el mismo sentido existe la exclusión social como hay la exclusión política o la impalpable exclusión ideológica, y también la filosófica y hasta la religiosa.

Que uno quiera darse cuenta o no, la exclusión de otra persona, la exclusión de una categoría de personas, extranjeras, incluso lejanas, constituye un poco la exclusión de si mismo, el comienzo de su propia exclusión, porque simplemente la libertad de cada uno se nutre de la libertad de todos y que ninguna verdadera libertad puede encerrar o ignorar la esclavitud de los otros.

La utopía laica es la aspiración de una sociedad humanista.

Una sociedad donde el hombre sea el criterio último. Una sociedad "todos aceptados", "todos ciudadanos", "todos participantes", sin distinción social, tampoco sexual, ni de idiosincrasia, ni de criterio, cultural, filosófica o religiosa.

La utopía laica (del griego "laicos", del pueblo) es la aspiración universal, la conquista del saber y del poder por el "laos" (en el sentido global de pueblo, incluyendo hombres y mujeres, niños y niñas, de hombres libres o esclavos, de ex-ciudadanos o de esos parias de la sociedad contemporánea que llamamos bárbaros).

La utopía laica es la aspiración al progreso, es decir a más de libertades, a más de responsabilidades, a más de autonomía. Es la convicción que todo se decide aquí y ahora, porque no existe el "más allá" y que el sueño de eternidad forjado por las culturas antiguas y las religiones de aquí y de otras partes no es más que un señuelo, sólo nos resta aceptar el duelo de los dioses (que no tienen reencarnación alguna para ofrecer) y asumir lo absurdo de la vida, limitada desesperadamente a estas pocas decenas de años que separan el nacimiento de la muerte, feroces limites absolutos de nuestro fin.

Nos queda el asumir el duelo del mito ancestral de la vida eterna y fundar sobre esta desesperanza una filosofía resueltamente secular que trasladamos a la humanidad (la que sobrevivirá a nuestras modestas personas), nuestra atávica y desesperada necesidad de un sentido de real trascendencia.

Sólo nos queda el realizarnos como seres conscientes, expandiendo resueltamente nuestro espíritu, para vivir sin complejos, sin otra limitación que nuestra integridad y aquella de los otros y para aportar nuestra modesta piedra al espacio de libertades que deseamos legar a nuestros hijos.

¿Pero de qué espacio de libertades estamos soñando, cuando hay que aceptar la «necesidad » de una sociedad de dos, tres o cuatro velocidades, entendida como una sociedad donde algunos tienen casi todo y otros casi nada?

La libertad de pensar, la libertad de expandirse, la libertad de gozar, la libertad de realizarse, se proyecta o transcurre por otras libertades prioritarias, aquellas de existir, de comer, de ser reconocido, de tener su espacio, sin olvidar el derecho a ejercer una profesión y de vivir dignamente de ella.

Segundo espacio: LA TOLERANCIA:

La tolerancia es el respeto de las personas, en tanto que individuos portadores de ideas, de creencias y de convicciones. En contra, la tolerancia no exige el respeto de las ideas, las cuales pueden ser combatidas. El hombre tolerante se esforzará en escuchar, primero; en presentarse abierto a los otros antes de tomar posición. La práctica de la tolerancia es más que un enunciado de un principio, ella es sobre todo una consistente y responsable actitud permanente de todos los días.

Tercera línea: La emancipación y la responsabilidad. La vocación del hombre es la de conquistar su emancipación, de marchar y de realizarse al máximo, asumiendo primero su propio futuro del cual es él el responsable.

Tercer espacio: La conquista de la ciudadanía.

La ciudadanía se completa y conquista cada día. Ella es la prolongación social de la emancipación individual, porque ningún ser responsable podría desinteresarse de la vida ciudadana.

Cuarta línea: La democracia. Una sociedad democrática debe estar fundada sobre el respecto de los derechos del Hombre y del pluralismo. Ella se caracteriza, igualmente, por la necesidad de un Estado de derecho, por la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, así como por la real, efectiva y honesta separación de la Iglesia respecto del Estado.

Cuarto espacio: El irrestricto respeto a las diferencias.

El laicismo valoriza las diferencias, consideradas como un enriquecimiento del patrimonio común, siempre que estas diferencias no perjudiquen la integridad de otras personas ni el derecho individual a la emancipación de cada uno de los partícipes.

Quinta línea: La solidaridad, que es un compromiso moral de ayuda y de responsabilidad mutuas entre los seres humanes. El hombre no nació para sufrir sino para encontrar su legítima parte de felicidad. Una sociedad feliz sólo puede existir realmente al estar compuesta por individuos también felices.

¿Ustedes se dirán el porqué de este conjunto aparentemente inconsistente de líneas y espacios?

Es el diseño conceptual de un pentagrama, espacio en que escriben todas las notas y signos musicales de la sinfonía majestuosa de la existencia humana. Y se entiende como pauta la guía o regla para hacer bien una cosa. ¿Hay algo más importante que componer en forma armónica y trascendente la sinfonía de nuestro pensamiento en las breves décadas en que transcurre esta nuestra existencia?

Sed muy bienvenidos a la cancha de juego del librepensamiento.

Gracias y jugad un buen partido.



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