Es una falacia afirmar que el laicismo sea el mayor oponente de la religión
El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, I:. H:. Juan José Oyarzún, afirmó que es una falacia -divulgada por los enemigos de la razón- que el laicismo es el mayor oponente de la religión, tanto que en el mundo de los valores se le atribuye ser el anti valor del sentimiento religioso. Lo dijo al intervenir en la Tenida Solemne del XXV aniversario de la Respetable Logia “Moisés Mussa Battal” Nº 154 del Valle de Recoleta.
“El sentimiento religioso es uno de los elementos esenciales característicos de la especie humana, sea innato o heredado".
Interviniendo en la Tenida Solemne del XXV aniversario de la Respetable Logia “Moisés Mussa Battal” Nº 154 del Valle de Recoleta, Santiago, enfatizó que “no nos preocupan los antagonismos y polémicas del pasado, sino los puntos de vista del presente, que son las raíces para la acción del porvenir”.
La reunión se llevó adelante el 2 de noviembre y en la ocasión el I:. H:. Juan José Oyarzún dijo que aprovechaba la ocasión para exteriorizar algunas disquisiciones sobre laicismo, ética y tolerancia.
LAICISMO
En referencia al laicismo, sostuvo que “es una falacia divulgada por los enemigos de la razón que el laicismo es el mayor oponente de la religión, tanto que en el mundo de los valores se le atribuye ser el anti valor del sentimiento religioso”.
En su intervención, dijo:
“No nos preocupan los antagonismos y polémicas del pasado, sino los puntos de vista del presente, que son las raíces para la acción del porvenir.
“El sentimiento religioso es uno de los elementos esenciales característicos de la especie humana, sea innato o heredado.
“La Iglesia considera a la religión como el vínculo entre el hombre y la divinidad que ella califica como Dios, su creador. En el modo subjetivo ella sería la voluntaria disposición del hombre a reconocer a Dios como el ser supremo y dueño del Universo, y a rendirle la pleitesía pertinente, esto es el culto. En el modo objetivo, la religión consistiría en aquellas verdades y principios éticos en virtud de los cuales la vida del hombre estaría ordenada y orientada hacia Dios.
“La historia de las religiones es la evolución de dos deseos humanos estrechamente vinculados: la necesidad de creer que hay un Dios, y de una supervivencia más allá de la muerte.
“La metafísica tradicional fue bloqueada por el pensamiento de Federico Nietzche, que hoy predomina el discurso intelectual contemporáneo, con sus enunciados que toda verdad es relativa y que todos los valores dependen de las preferencias personales. La Iglesia insiste en contraposición que Dios y la verdad son uno.
“¿Qué piensa la Iglesia sobre el laicismo? Lo define como una oposición sistemática a la influencia de la jerarquía religiosa en la sociedad. Opina que el laicismo abarca varias corrientes anti religiosas que unen la acción y el pensamiento en el afán de separar la Iglesia del Estado, propugnar la llamada enseñanza laica y negar el derecho divino de la Iglesia de conducir a los pueblos a su eterna felicidad. El laicismo ha sido repetidamente condenado por la Santa Sede, que lo considera representante de una de las tendencias más funestas de los tiempos actuales, puesto que ha rebajado a la religión católica al nivel de las demás, ha tratado de someter a la jerarquía religiosa al arbitrio de los magistrados del poder judicial, ha negado a la juventud la posibilidad de ser educada exclusivamente en los principios de la Iglesia, ha llegado a objetar todo sentimiento religioso y hasta negar la existencia de Dios.
“¿Qué piensa el laicismo sobre la religión? La considera un conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, con sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, especialmente mediante la oración y los sacrificios, entendiendo entre ellos desde el ayuno hasta la teofagia (esto es comerse al dios, como es la comunión). Estima el laicismo que la casi totalidad de las grandes religiones perduran en la actualidad, y que el sentimiento religioso es un hecho de gran vitalidad, manifestado a través de múltiples fenómenos de tipo mesiánico o animista, que se dan en casi todo el mundo. La conclusión fundamental es que la historia de la humanidad es un proceso de laicización progresivo, que dista bastante de haber concluido aún.
“¿Cómo se define el laicismo a sí mismo? Aduce ser la religión de la tolerancia, cuyos postulados fundamentales son la libertad de conciencia y el principio de no discriminación. El aspecto religioso sería solamente uno de los campos de batalla de la historia del hombre y la sociedad. En principio, el laicismo es un concepto político, que aspira a un Estado laico, en el que no se privilegie a religión alguna, y no se imponga un concepto de propósito de vida, garantizando en cambio la libre expresión de todos, dentro de algunos límites, porque el derecho de un hombre termina donde empieza el derecho de los demás. Proclama la autonomía de la conciencia humana, y postula que los más débiles, los menos numerosos o los poco aceptados también tengan esa libertad.
“Su aspiración es que el Estado desempeñe el papel de un árbitro en el juego de la vida en sociedad, en tal forma que nadie pueda imponer su voluntad a los demás.
LIBERTAD DE EXPRESION
“La esfera de la libertad de expresión está adquiriendo cada vez mayor relevancia en la proyección de una sociedad laica. Ella es uno de los soportes esenciales de una sociedad democrática, y debe aplicarse incluso a las ideas contrarias a la propia democracia, como a las ideas disonantes o alarmantes. Cierto es que el ejercicio de esa libertad debe ser objeto de algunas restricciones previstas por la ley, que es la expresión de la razón, pertinentes a materias tales como la seguridad nacional, la integridad territorial, la seguridad pública, la defensa del orden y la conservación de la salud o de la moral, la prevención del crimen, la protección de la reputación o de los derechos ajenos.
“La perspectiva filosófica respecto al laicismo parte del hecho que la naturaleza de la especie humana, donde impera la ley del más fuerte, provoca en los individuos una situación de inseguridad, zozobra y temor a la violencia. Esto conlleva a la creación de ese artificio que es la sociedad civil o política, como resultado de un contrato en el que todos son partes, y el conjunto constituye la cosa de todos, la cosa pública. Es éste el único medio de proteger la vida, la libertad y el patrimonio de los ciudadanos. Este pacto social constituye una inversión interesada, puesto que los hombres adhieren a él para evadir los apremios y presiones resultantes del estado de naturaleza.
“En el fondo, la mayoría de las personas respeta los derechos de los demás por un interés bien entendido y no por una convicción profunda o por un compromiso íntimo. El hombre decide tolerar a los demás porque sabe que su intolerancia le puede acarrear malas consecuencias, y eso siempre ocurre cuando se pertenece a un grupo de minoría.
“Por desgracia, pocos son los que entienden que el punto de vista de los otros puede enriquecer su propia perspectiva, ya que el intercambio de opiniones mediante el diálogo, la disuasión, la búsqueda de las coincidencias mediante el libre examen, son todos métodos de aproximaciones sucesivas a la verdad, una verdad siempre susceptible de ser libremente cuestionada.
La tolerancia no es solamente el arte de convivir en desacuerdo. La tolerancia es la consagración de la libertad de conciencia como el valor primero, el valor de todos los valores. Es el descubrimiento que la dignidad de la persona humana constituye un fin en sí, y jamás un medio para otra cosa. A partir de ese descubrimiento, toda coerción en materia moral queda excluida.
MORAL
“Y ya que hablamos de moral, nos referiremos a ella. Se la considera la ciencia de las costumbres, de las relaciones que existen entre los hombres, y de los deberes que surgen de esas relaciones. Se infiere que la Moral supone la ciencia de la naturaleza humana, y ninguna ciencia puede ser más ni menos que el fruto de la experiencia. La ciencia de las costumbres, para que sea cierta y segura, debe ser una serie o sucesión constante de experiencias iteradas e invariables en sus resultados, que permitan conducir a la adquisición del verdadero conocimiento de las relaciones que existen entre los miembros de la especie humana. Y esto es lo que profesa la Masonería, puesto que nuestra fe se basa en las probabilidades del hombre.
“Se postula la existencia de varias suertes de moral. Habría una moral natural, otra independiente, también una moral pública como otra divina, y también una moral cristiana o evangélica. Hay consenso que la relación entre Moral y Religión es tanto más estrecha cuanto más primitiva es la cultura de una sociedad, ya que en ella la virtud consiste en la obediencia a la autoridad divina. Así, en la medida que la sociedad evoluciona, a los elementos de autoridad y divinidad se va incorporando el de utilidad social, constituyendo en forma gradual la llamada moralidad instintiva. Sin embargo, el mayor respaldo para la moral religiosa continuará siendo por mucho tiempo la incertidumbre que todos saben que un día morirán, pero nadie sabe lo que hay después.
MORAL MASÓNICA
“Nos corresponde también formular algunas reflexiones sobre la Moral masónica.
“La Orden Masónica postula a promover en sus adeptos en primer término sentimientos de solidaridad, con derivaciones prácticas hacia una recíproca tolerancia y mutua asistencia. Como segundo propósito general, procura inducir el sentido de un deber moral hacia el individuo y la humanidad, por medio del estudio de los grandes problemas del Universo y del hombre. Recurre para estos efectos, a su sistema docente por medio del simbolismo, apuntado a la búsqueda de una verdad superior, en la que el mayor mérito es el esfuerzo desplegado en ese afán, sin mayor preocupación por el éxito relativo de él.
“Para aquellos de sus adeptos que son creyentes, aspira a sublimar la idea del Gran Arquitecto del Universo como un símbolo de su particular convicción religiosa. Para los que no lo son, establece como incógnita laboriosa la búsqueda de la razón de un orden universal, desdibujado en leyes naturales. Y para los agnósticos, estimula el prurito de indagar el porqué de esa búsqueda. Y en todos ellos, procura instaurar el sentimiento del deber, y aún más, el amor al prójimo. Con igual propósito, ensalza el ejercicio de la tolerancia y la caridad, como el culto al trabajo y la práctica de la justicia.
“Respecto a la cuestión moral, impetra del hermano creyente el respeto irrenunciable a las leyes morales de la creencia que suscribe. De los hermanos que no practican religión alguna, exige la apreciación de un mundo moral compuesto por el conjunto de las acciones humanas por excelencia, calificando en propiedad el bien y el mal según su incidencia en la libertad del hombre, esto es el conjunto universal de valores y anti valores.
“Y es que la Orden considera libre al hombre capaz de dirigir su conducta por las vías de una moral de nivel superior al vulgar y corriente. Es una exigencia conocida para sus adeptos que la moral común no basta para ser masón.
“Cada persona debe aceptar las costumbres sociales tanto como las leyes que rigen a su comunidad. Para el masón laicista no hay contrapunto entre la moral individual y la moral social, ya que es más libre que el creyente, influido por el elemento adicional que supone la moral particular de la religión que profesa.
“Tanto el masón creyente como el escéptico deben asumir la obligación moral de trabajar por el cambio de las normas de conducta que les merecen reparos desde el punto de vista del bien general, y esa labor debe cumplirse con el respaldo de la autoridad moral que se ha ganado con su ejemplo en la comunidad en que vive y convive. Lo más significativo es que ambos pueden caminar juntos hacia el horizonte común de esa moral universal que postula a una evolución ilimitada hacia la espiritualidad.
“Como conclusiones de la presente exposición se puede enunciar que, aparte de la aspiración de perfección que nos inocula la Orden Masónica, cada uno de sus miembros busca una trascendencia a través del recuerdo de su existencia que logre configurar en los demás. Puede que haya una especie de existencia futura después de la muerte, pero no cabe duda que, en caso de haberla, ella no se concibe en los términos formales de las dimensiones témpora-espaciales que todos conocemos y aceptamos.
“Así, el propósito de vida más razonable a lo que se aprecia es el vivir de tal manera que otros puedan vivir mejor cuando nos hayamos ido, y la forma más consistente de seguir existiendo en algún modo es en la continuidad de las vidas de los otros.
“Cielo e infierno son solo formas aún medioevales de un control de conductas sociales. El hombre sólo vive cuando cree en algo. Si no es así, su existencia carece de valor, y es un muerto en vida. La fe es el poder de la vida.
“No estamos hechos para estar solos. Necesitamos justificar un sentido de pertenencia a algo o a alguien. Solo cuando hay un compromiso mutuo, es posible descubrir a personas que son capaces de superponer el bien de los otros a su propio bienestar. Y eso lo podemos encontrar en la ruta de la Orden Masónica, cuyas bases espirituales vienen desde lo profundo de su tradición sosteniendo con el compás sobre la escuadra la prioridad del espíritu sobre la materia, y su devenir apunta infatigable hacia un estado superior de la especie humana, que culminaría en una fraternidad universal. ¡Hay que trabajar porque así sea...!”
