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El cambio entre el periodo operativo al periodo especulativo o filosófico de la masonería fue, sin duda, más notorio en Inglaterra. La logia de San Pablo, de Londres, acordó en 1703 que en lo sucesivo los privilegios de la orden no serían patrimonio exclusivo de los constructores y que otras personas de distintas profesiones o actividades también podían ser iniciadas en la confraternidad.

Esta determinación cambió el perfil de la masonería, dándole a partir de entonces un carácter más bien filosófico. Este segundo periodo denominado como especulativo o filosófico comenzó a ver sus frutos a partir de la creación de la Gran Logia de Inglaterra, hecho ocurrido el día 24 de junio de 1717, cuando cuatro logias londinenses que llevaban el nombre de las tabernas en que realizaban sus encuentros –La Corona, El Ganso y la Parrilla, El Manzano, y la taberna de El Racimo y la Jarra– se reunieron para formar una agrupación común.

Denominaron a la nueva organización Gran Logia de Londres y Westminster y su primer Gran Maestro fue Anthony Sayer. La creación de esta nueva institución supuso un salto significativo en la organización de la masonería, que trascendió así del ámbito logial. Formada en parte por miembros de la Royal Society, próximos a Isaac Newton, la nueva Gran Logia se dotó en 1723 de una constitución redactada por dos pastores protestantes: Jean Theóphile Désaguilliers y James Anderson, quien como compilador dio nombre a las que se conocen como Constituciones de Anderson. Más allá de las diferentes interpretaciones que se dan sobre el alcance de elementos concretos del texto de las Constituciones, la mayoría de los autores coinciden en destacar el espíritu de tolerancia y no sectarismo que anima el conjunto, destacando su deseo de presentar a la masonería como un "centro de unión" entre todos los hombres, cualesquiera que sean las razas, opiniones y creencias que los distingan.

El ritual practicado por la primera Gran Logia, aunque enriquecido y desarrollado, era perfectamente conforme a los usos escoceses "sobre todos los puntos de la masonería", tal como lo atestigua el acta de la visita de Désaguilliers a la logia Mary´s Chapel el 24 de agosto de 1721. La masonería recogió las influencias de las corrientes intelectuales del enciclopedismo del siglo XVIII y del racionalismo y liberalismo del siglo XIX.

Desde Inglaterra se comenzó a irradiar este movimiento, fundándose sucesivamente y con muy pocos años de diferencia logias como la Gran Logia de Irlanda en 1725, la primera Gran Logia de Francia en 1738, la Gran Logia provincial de Pensilvania en 1731, la Gran Logia provincial de Massachusetts en 1733 y la Gran Logia de Escocia en 1736. También cabe destacar en esta síntesis que en Rusia se estableció una primera logia masónica promovida por Pedro I en 1731; en 1723, en España; en 1734, en La Haya; y en 1738, en Boston.

La masonería establecida en Francia, de origen escocés, estuardista, fue favorecida por el espíritu racionalista francés: estableció como rito el Escocés Antiguo y Aceptado, frente al de York de las logias inglesas; y, en 1738, al fundarse la Gran Logia de Francia, la francesa quedó desvinculada de la inglesa, encontrándose desde entonces en abierta oposición. De esta división nacieron las tres ramas principales de la masonería actual: rito Inglés, rito Escocés, rito Simbólico Francés.

Frente al carácter aristocrático y puritano de la masonería inglesa, la francesa evolucionó a una posición laica, inspirada en el racionalismo naturalista que poco a poco le hace perder el matiz religioso que tenía en sus orígenes. Otra mutación interesante la constituye el desplazamiento que va a experimentar desde una vinculación con la clase aristocrática hacia una base social diversa, democrática, intelectual y politizada.

Aunque se ha querido ver siempre una activa participación política en los designios de las logias, a las que se atribuye la casi totalidad de las revoluciones burguesas del siglo XIX, lo cierto es que, en principio, la masonería como institución no tomó parte activa en ellas. La huella masónica más bien se podría apreciar en la actuación individual de sus miembros o en la irradiación de algunas ideas y valores que trascendieron. Podría ser un ejemplo de ellos, la tríada "libertad, igualdad y fraternidad".

Mientras que en la masonería anglosajona se asentó el espíritu conservador y religioso inicial, la masonería francesa, una vez pasada la "época del terror" y ya bajo el Imperio, pasó a ser el paladín de las nuevas tendencias liberales. Masón y liberal pasarían a ser términos coincidentes en algunos países europeos; durante el siglo XIX, la burguesía mercantil, intelectual o militar termina desplazando lo que quedaba de aristocracia en las logias. El ideal de perfectibilidad humana, como proceso de desarrollo personal que la inspiró al nacer, quedó en segundo plano por debajo de los discursos de transformación social.

En 1804, La Gran Logia General de Francia se convierte –con Napoleón al mando del Imperio– en el primer centro impulsor de la masonería en Europa, siendo designado como

Gran Maestre José Bonaparte. El predominio de la masonería francesa en Europa origina una escisión interna en el universalismo de la misma. La inicial ruptura de las logias francesas por motivos religiosos, se acentúa más aún a mediados del siglo XIX, cuando la Gran Logia de Francia suprime la obligación del lema: "A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo", quedando separada por ello del cuerpo masónico general y siendo excluida por la Gran Logia Unida de Inglaterra. Desde entonces persiste la división.Por un lado, quedó la masonería británica, tradicional y conservadora en aspectos morales de base protestante, practicante del rito de York, más apegada a la forma. En el continente, en

tanto, prevaleció una masonería agnóstica, más intelectual, con base humanística e identificada con los acontecimientos políticos de su tiempo.

En esta etapa de la historia, la masonería especulativa tomó forma con espíritus selectos que vieron en la cautelosa organización y seriedad de la orden un ambiente propicio para hacer prosperar sus ideales ilustrados y libertarios. Ahora ya no se edificarían templos ni monasterios, ni aquellas imponentes obras del tiempo medioeval, que por siglos han deslumbrado a la humanidad. Los masones se consagraron a partir de entonces a trabajar en la construcción de un grandioso edificio moral destinado a aumentar el bien espiritual, intelectual y social de la civilización.

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